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Ya suena la fórmula Claudio Poggi-Adolfo Rodriguez Saa


El poggismo nota que los tiempos se acortan y que, así empandemiados, ya pasó medio año de 2020. Las legislativas se encuentran a la vuelta de la esquina y Poggi necesita mantenerse vigente para no terminar arrumbado en la piecita de los cachivaches de la oposición, esa especie de calesita eterna de las candidaturas inútiles, donde los opositores se derrotan entre ellos y se patean por debajo de la mesa.


Poggi por ahora les dice a los radicales que la próxima vez juntos le van a ganar al Alberto, pero el problema de los radicales es que el partido de la 9 de Julio es un permanente puñado de moscas, donde todos, o sea los mismos de siempre, quieren ser candidatos. Esos mismos de siempre ya le avisaron al ex gobernador de los Rodríguez Saá que lo mejor para su futuro político es que les ceda por las buenas la candidatura a diputado nacional para que ellos la rifen en la lotería de las elecciones internas.


Poggi piensa que ni borracho ni dormido les cedería nada a los radicales quienes, además de ser cinco, están todos peleados.


Dentro de la UCR, si bien existen dirigentes con trayectoria y con intenciones de enfrentar realmente a los Rodríguez saá, como por ejemplo Riccardo y Postiguillo, sus estrategias hasta ahora han chocado contra las pymes electorales internas enquistadas dentro del partido, cuyos gerentes y capataces solo piensan en cuántos parientes pueden ubicar dentro del Estado para que cobren un sueldo de por vida.


A Poggi parece que algunos meses atrás le llegó el audio de la entrevista que el año pasado Oscar Disisto le hizo al Adolfo, quien ante la pregunta de qué había pasado con Claudio Poggi, que de ser el mejor alumno se había vuelto opositor, el Adolfo le tiró al riocuartense un puente de plata: “Poggi fue un gran colaborador mío y por él conservo un gran respeto”, dijo Rodríguez Saá.


Dicen algunos allegados a Adolfo Rodríguez Saá que desde principios de año Poggi y el Adolfo ya se reunieron varias veces para armar una ingeniería electoral que a Poggi le permita un triunfo en las elecciones legislativas del año que viene, para luego ir por la gobernación con una fórmula Poggi gobernador-Adolfo vice. Entonces la idea es que si los radicales quieren venir, que vengan y sino, allá ellos. Desde luego que para los radicales una alianza con el Adolfo sería el acabose, aunque la mayoría de ellos vienen negociando migajas con los Rodríguez Saá desde que en 1993 firmaron aquel pacto de no agresión denominado “Acta de Responsabilidad Institucional”, documento que al Adolfo le permitió sortear, incluso, la catástrofe política del Y no C.


 Dicen quienes conocen la interna familiar que el Adolfo está dispuesto a cualquier cosa antes de permitir que el Albertito y su banda de nuevos ricachones se hagan con la gobernación, mientras que Poggi sabe que en esa negociación solo cuenta la palabra de uno: el Adolfo; mientras que con los radicales la mayoría de las veces las negociaciones son una pérdida tiempo, porque los radicales nunca cumplen, todos quieren ser candidatos y a la hora de pelearse no reparan en consecuencias. Si para acusarse de las peores porquerías las momias de la UCR desde hace décadas eligen El Diario de la República y el programa de Trombetta.