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Trombetta el periodismo tóxico del Alberto

Al Alberto le calza a medida la fábula del escorpión y la rana. En mayo de 2014, cuando el actual gobernador editorializaba desde Planeta Xilium y bajaba línea a propios y ajenos, escribió una columna que aún se conserva en la web de El Diario de la República titulada “La falta de compromiso”. Gobernaba en ese entonces Claudio Poggi y Alberto Trombetta –el paradigma de la antiética y la falta de escrúpulos- parece que había descubierto que los hermanos Rodríguez Saá ya estaban para jubilarse y entonces el agente naranja apostaba sus fichas a la renovación de la política.

Desde que los Rodríguez Saá llegaron al gobierno en 1983 las críticas contra Canal 13 redundaron acerca de lo mismo: berretada chupamedias. Sin embargo, en 2014 el Alberto –con tono entre sorprendido y asqueado- dijo que estaba harto de la falta de compromiso de la televisión pública provincial con la realidad de San Luis y que la pantalla del canal oficial se parecía a lo peor de Buenos Aires.


“El canal 13 tiene listas negras, hay gente que no puede ir: gente que sí, gente que no. Y parece que el periodismo está bailando al compás de alguien. Y nos empezamos a parecer a lo peor de Buenos Aires. A eso amarillo del periodismo en Buenos Aires. Amarillo es trabajar por plata”, gruñía el Alberto. Buena parte de esos dardos estaban destinados a Alberto Trombetta, quien en 1997 llegó al entorno de los Rodríguez Saá a través de su suegro, el Toto Polacchi, un puntero adolfista de Villa Mercedes.


Con la vuelta del Alberto al gobierno en 2016, Trombetta fue defenestrado por un tiempo, en el que el periodista anaranjado amplió su panorama de nuevas medias succionables. Como el hambre no es tonto, Trombetta intentó garronear en la Municipalidad de San Luis y durante un par de meses desde Radio del Plata de deshizo en elogios para con Enrique Ponce, con la expectativa de hacerse de unos mangos. Asociado a los aprendices de mercenarios Gustavo Reviglio y Gustavo Thompsom desde la precaria Edición Abierta Trombetta puchereó un tiempo hasta que de nuevo dos meses antes de las legislativas de 2017, el gobierno se dio cuenta de que se había quedado sin nadie que hiciera el trabajo sucio y el Alberto le volvió a dar trabajo. Antes Trombetta había intentado chorear en la pantalla de CTV, por donde pasó dando pena y sin nada de gloria.


Liliana Bartolucci hace poco se encargó de recordarle a Trombetta su rentable pasado Adolfista, quien en 2004 durante un par de meses fue ministro de Educación del Alberto, designación que dejaba en claro qué resultados esperaba Rodríguez Saá para las aulas de la provincia. Desplazado luego del conflicto con los docentes y con la Iglesia, en 2012 el Alberto empleó al anaranjado como encargado de una radio que el actual gobernador armó en Merlo, pero la relación terminó mal.


De acuerdo con el relato de una fuente de uno de los casinos de Merlo, Trombetta es afecto en demasía a las apuestas y una noche de mala suerte se quedó sin dinero. El periodista entonces puso como garantía la radio que tres meses antes había puesto a funcionar el Alberto y perdió contra un grupo de apostadores de Río Cuarto.


El Alberto no se tragó el verso de que el desmantelamiento de la radio había sido obra de otros empresarios de medios y en un editorial de Planeta Xilium dejó entrever que sus sospechas iban en otro sentido. La radio de Merlo se acabó y Trombetta fue a pedirle la escupidera a Poggi, pero mientras el gobierno lo mantenía en lista de espera, el periodista incursionó en el rubro gastronómico y también fue parte de una extorsión contra Mario Rovella, a quien Trombetta y Gustavo Thompsom, acusaron durante varias semanas de usurpar una cantera propiedad de un pariente lejano del actual asesor de Ministerio de Seguridad.


El negocio gastronómico terminó mal, porque al poco tiempo lo tuvo que vender y parece que el comprador no pagó. La relación entre Trombetta y el deudor se tensó de tal manera que el nuevo dueño Luna sobre Toledo (rebautizado como La Pulpería) se suicidó de dos balazos. Suicidio raro si los hay


En noviembre de 2016, cuando Trombetta se había quedado sin pantalla luego de un presunto lavado de cara al Canal 13 -que según decía el Albertismo se iba a dedicar a cultivar un perfil culturoso al estilo de Canal Encuentro- el agente naranja se asoció con los dudosos empresarios Luciano Garbellano y con Jacobo Winograd, quienes compraron el boliche Flay, que solo abrió por una noche y fue clausurado por orden del Adolfo, quien dijo que no quería narcos en la puerta de entrada a su mansión conocida como La Madriguera.


Durante un tiempo Trombetta tuvo que recurrir a la incómoda compañía de un guardaespaldas y luego de la clausura y de las declaraciones de Garbellano la relación de Trombetta con los Rodríguez Saá se enfrió aún más porque el empresario despechado disparó con munición gruesa. “En mi discoteca no se timbea como en los casinos de Rodríguez Saá”, dijo y desde entonces Flay no volvió a abrir. Trombetta intentó mantenerse dentro del circo mediático, pero no obtuvo financiamiento y en agosto de 2017 fue convocado nuevamente por el Alberto quien ya había abandonado la idea de un Canal 13 copia del Canal Encuentro y necesitaba de nuevo del periodismo inmundo que antes había fingido repudiar. "Lo siento, es mi naturaleza" dijo el escorpión cuando le picó el lomo a la rana.