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Traidores por naturaleza



Alberto Rodríguez Saá (h) prepara el camino para presentarse como candidato a gobernador en 2023 y ya comenzó a probar funcionarios para conformar un probable gabinete. Ante el evidente deterioro de las posibilidades de Claudio Poggi, quien aferrado al fantasma errante del macrismo intenta mantenerse a flote a fuerza de traiciones y componendas de corto vuelo, el Albertito decidió aprovechar la situación y designó a un grupo de amigos, entre los que se encuentra la hija del presunto opositor Raúl Laborda; Francisco Petrino; el impresentable Hugo Hissa (tío del poggista Gastón Hissa y uno de los emblemas de la corrupción provincial de los 90); el ubicuo y siempre dispuesto a la trenza Roberto González Espíndola; como así también un grupo de familiares, entre los que se cuentan a Juan Martín Divizia y Charo Rodríguez Saá (hermana del Alberto y el Adolfo). De relleno aparece un grupo de desarrapados sin posibilidad alguna de supervivencia sin el morral que los salve, tal es el caso de Alberto Niño, Norma Rosales, Blanca Pereyra y el ex merlista Quique Cabrera.


Desde el año pasado, cuando trascendió una foto junto a Alberto padre y Alberto hijo, Dani Bassi y Gloria Velázquez, ya se sabía que en cualquier momento Francisco Petrino aparecería como funcionario del gobierno Provincial, pero el dato llamativo del garrochazo de Petrino fue la similitud con las traiciones de su padre. Arturo Edgar Petrino fue el funcionario de Adolfo Rodríguez Saá que junto a Juan José Laborda Ibarra denunció el enriquecimiento masivo y sistemático del Adolfo, su familia y sus funcionarios.

Sin embargo, luego de una paliza y algunos panfletos, Petrino entendió pronto que su negocio venía por el lado del menemismo y la DGI, entonces, luego de apartarse del trámite de la denuncia, se dedicó a hacer plata hasta volverse millonario. Como supuesto opositor a los Rodríguez Saá en 1999 aceptó integrar el gabinete del intendente Carlos Ponce, pero en 2001, al día siguiente de la derrota de Ponce como candidato a senador nacional, Petrino abandonó el barco avisado de que se venía “La Navidad sin Ponce". 

Petrino además en esas elecciones fue candidato a primer concejal, ese cargo espectante que en una cuenta casera debería entrar seguro, pero el otrora denunciador ni siquiera juntó un mínimo de votos para asegurar la banca.  Tal como sucedió con su hijo Francisco, “El Caruso” apareció de nuevo al lado del Adolfo junto a Juan Carlos Ostanelli en 2002 como recaudador de la Corriente Argentina Grande, hecho que sorprendió a muchos y a otros no tanto. Ostanelli ostenta hasta hoy el raro privilegio de ser el único funcionario de los Rodríguez Saá que, gracias a la presión popular, fue condenado por corrupto.


Con el garrochazo de Francisco Petrino quedó en evidencia que tanto el Caruso como su hijo siempre fueron topos infiltrados dentro del poncismo, cuya misión era mantener informados con anticipación a los Saá de cada uno de los pasos que daría la oposición. El Caruso incluso militó activamente entre los menemistas acusados de organizar el infausto escándalo del Y no C y hay quienes sospechan que nunca fue realmente opositor, sino que trabajó desde siempre para los Rodríguez Saá, no solo como infiltrado político sino también frenando los escándalos originados en la fraudulenta aplicación de los decretos de radicación industrial.