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Semana Roja en el Concejo Deliberante: heridos y fracturas internas

El tratamiento de las cuentas de inversión significó un atisbo de preocupación para varios de los concejales capitalinos.

La crisis en el HCD inició porque se confiaron creyendo que con el informe en disidencia del cuestionado miembro del Tribunal de Cuentas, Marcos Cianchino, quien debía ser responsable de auditar y controlar las cuentas de la ex Intendente Lemme, y no lo hizo, pasando por alto una deuda de 38 millones de pesos en Transpuntano, y un pasivo preocupante en las arcas municipales; lograrían “justificar” su posición anti-oficialista.


Para evitar el manoseo, la extorsión y la especulación política de aquellos que ejercen y abusan de la mayoría en el recinto, existe el art. 41 de la Carta Orgánica Municipal que claramente expone un plazo máximo de 30 días para dictaminar sobre las cuentas de inversión que en caso de no hacerlo, resultan aprobadas.


Al pasar este dato por alto, sumado al periodo de vacaciones que amerita ausencias en las comisiones, es que se les vino la fecha encima a los ediles y se encontraron con más de 600 hojas de explicaciones técnicas que nunca lograron comprender y debieron rápidamente pensar una estrategia para imponer su postura.


En términos políticos, la estrategia del sector oficialista municipal fue clara desde el principio. Sabían que la intención del sector Saaísta-Kirchnerísta era “desaprobarlas por más que estén bien” por una cuestión de mandato político y para intentar utilizar este recurso como una forma de sometimiento futuro al distorsionar la realidad sobre las finanzas municipales.


Siempre lo hicieron de esa forma cuando se trata de aprobar las cuentas y presupuesto de una administración opositora. La situación sorprendió a varios y le dio el antídoto al oficialismo para que los concejales quedaran atrapados en un laberinto de contradicciones y de actos fallidos.


Con el diario del lunes, se vislumbra que todo pasaba por lograr que la comisión de Hacienda no llegara al quórum necesario para emitir despacho y de esta manera en el recinto jamás podrían tratarlo por no poder llegar a los 2/3 de manos necesarias para avalar tratamientos sobre tablas. Tanto así, que lo que más le cuesta al PJ es justificar la ausencia de un concejal propio que resultó fundamental para que la comisión no emitiera despacho.


Se desconocen las razones, pero se cree que decidió no prestarse al manoseo político que intentaban hacer de las cuentas de inversión de la Municipalidad, algunos integrantes de su bloque, porque le parecía que atentaban con lo que su jefe político les había solicitado al tratarse de asuntos importantes para las administraciones como la rendición de cuentas. La estrategia que debían llevar a cabo, era “hacer espuma pero no orinar, porque se te vuelve en contra”.


El comportamiento de este edil dejó en shock a quien debería ser el conductor del espacio quien a último momento tras ser derrotado en la intención de lograr un tratamiento sobre tablas, impulsó una sesión extraordinaria para tratar ese tema el domingo 29 (a horas de que las cuentas de declaren aprobadas de forma ficta). A la sucesión de “errores no forzados” se le sumó un golpe más que fue la del concejal autónomo que había aprobado la realización de la sesión extraordinaria y luego desairó con su ausencia.


El fortuito viaje del intendente, también contribuyó a la pérdida de fuerza de la máxima autoridad del PJ en el Concejo, quien quedó inhabilitado para hacerse presente y conducir a buen puerto la postura del bloque que por ese entonces se caía a pedazos.


Estas fueron las razones por las que seguramente el concejal guitarrista “perdió su vuelo” intentando mostrar que la jugada que pergenió el poncismo no lo derrotó, sino que fue por decisión propia ayudar a “no reunir el quórum para sesionar” y hacer un “autoboicot” de su propia convocatoria. Se puede considerar esta como la primera jugada inteligente tras haber cometido varios errores y más aún la de comprometer a sentarse en la sesión, a un colega amigo del bloque contrario para dejarlo expuesto ante las cámaras.


Por otro lado, el sector femenino del PJ pareciera haber quedado pedaleando en el aire, porque se sabe que en ningún momento fueron consideradas para la toma de decisiones, es por eso que luego de la aprobación de las Cuentas salieron como rata por tirante a hablar en los medios con un tono de enojo sobre las cuentas cuando en realidad nunca las analizaron y es imposible que lo hayan hecho en tan poco tiempo.


De hecho, ningún concejal hizo sus deberes excepto uno, que fue el único que estudió con detenimiento el tecnicismo del informe, y realmente estaba decidido a aprobarlas porque le pareció que cumplía con los estándares razonables. El dictamen poseía el aval de dos de los tres miembros del Tribunal de Cuentas aconsejando su aprobación al Cuerpo.


En medio de esta crisis existencial del HCD, ocurrió la llegada de Estela de Carlotto generando una gran distracción a los concejales que debían tratar el tema de las cuentas preocupados para que el evento saliera lo mejor posible. Sin embargo eso no ocurrió, debido a que un ávido periodista incomodó a la Presidenta de Abuelas con una consulta sobre un tema que no esperaba y que derivó en un escándalo nacional.


Algunos concejales aun se sienten culposos por haber estrolado a la Presidente de Abuelas sabiendo que esto le significó a Carlotto, una catarata de críticas locales y nacionales por declaraciones inapropiadas sobre el perdón al hijo pródigo Alberto por haber firmado una Carta al dictador Massera en el año 1978.


Este es el resumen de otra anécdota de caos en el concejo capitalino, en la que queda claro que existe anarquía entre bloques, mucha vagancia e intereses particulares que son capaces de ponerse siempre por encima de lo que realmente le importa a la gente.


Las esquirlas dejaron varios heridos en los distintos bloques y se cree que vendrán tiempos de paz en el Concejo al menos hasta que los heridos se recuperen.