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San Luis: la provincia abandonada y su gobierno ausente

El rodriguezsaaísmo ha decidido jugar políticamente atacando la calidad de vida de los habitantes de la ciudad de San Luis: inseguridad, muerte en el centro nocturno, cero preocupación en sostener el transporte urbano al contrario de lo que están haciendo las demás provincias argentinas derivando fondos al transporte para no aumentar el boleto. ¿Hasta dónde llegarán en su afán de poder los hermanos feudales Rodríguez Saá? ¿cuántos muertos, cuántos niños sin boleto para ir a la escuela, cuántos deben desesperar y dejar de comer para ir y volver del trabajo, para que se acuerden que deben ocuparse de que ningún ciudadano de San Luis pase por estas situaciones?, además de tener la obligación de asistir a todos los municipios de la provincia porque para eso reciben decenas de miles de millones al año del Estado nacional.

En este año electoral que recién comienza, los Rodríguez Saá están mostrando de qué se tratará la campaña sucia que piensan hacer para sostenerse en el poder: jugar a desesperar a la población mientras la mantienen desinformada por el blindaje mediático de los medios provinciales y de propiedad de la familia gobernante.


Alberto Rodríguez Saá ha desprotegido la ciudad de San Luis. A la noche es tierra de nadie. Ya lo era en los barrios y ahora también lo es en el centro. Como jefe del gobierno provincial no está brindando seguridad a los ciudadanos; cada día aumentan los robos y se vuelven más violentos. Pero también aumenta el vandalismo callejero que termina en hechos como el que se cobró la vida del joven Auderut, golpeado por patovicas de agencias de seguridad relacionadas a la misma policía ausente y que deja que esto ocurra; y lúmpenes violentos ante la ausencia total de las fuerzas de seguridad en las calles.


Ante el pavor de la muerte insoportable y para proteger a los vecinos, la Municipalidad de San Luis, que no tiene policía porque eso en esta provincia es potestad del gobierno provincial, implementó un operativo para que al menos, la presencia de los empleados de tránsito y vía pública y la policía municipal que cuida los edificios públicos de la ciudad y los inspectores persuadan a violentos y malvivientes de molestar a turistas y ciudadanos puntanos en los lugares más concurridos.


A su vez intensificó los controles de alcoholemia y retención de vehículos y motos sin documentación. El problema aparece cuando la Municipalidad quiere controlar los boliches como Say No More, frente a cuyas puertas golpearon a Auderut hasta dejarlo en coma: cada vez que los inspectores clausuran estos lugares, aparece el inefable Juez de Faltas Alejandro Ferrari desautorizando cada acción de los inspectores, cada acta, cada clausura, cada multa. Si hay un culpable de que los locales hagan lo que quieran, ese es Ferrari, el que levanta todas las clausuras y desestima todas las actas de infracción que hace el municipio para proteger a los vecinos.


Fue realmente preocupante comprobar que la ciudadanía, ante la ausencia del Estado provincial, ha olvidado que ese Estado, ese gobierno, es el que debe darle la seguridad, la salud, la educación, el acceso al transporte, promover el empleo, asegurar que todos los municipios de la provincia puedan afrontar los requerimientos de sus habitantes.


Tal vez la violencia en las calles, la violencia de patovicas y el sinsentido en las redes sociales, sean un reflejo de esa falta de cultura cívica donde ya ni recuerdan quién tiene las responsabilidades delegadas por el pueblo; y entonces ya nadie se siente responsable por lo que hace o le pase a otros.


El colmo de esta falta de cultura cívica fue comprobar que muchos criticaban al municipio por tomar una medida ante la inacción del gobierno provincial, en vez de enojarse con el gobierno provincial que ha convertido la ciudad en una zona liberada.


Y sí, cuarenta años de manejo feudal y dominación mediática en la provincia; de compra de voluntades y manipulación a través de la necesidad han dado resultado. Se ha destruido el sentido común y se ha anulado la comprensión sobre las responsabilidades del Gobierno.


Cuando la desesperación sea atroz; cuando la ausencia del gobierno provincial haga que se apilen los muertos de la violencia, cuando las familias no puedan pagar el transporte de todo el grupo familiar, cuando se pierdan los boletos gratuitos que tanto costó conseguir, seguramente aparecerán cerca de las elecciones a repartir migajas, a posar de salvadores con dádivas y planes.


Depende solo de nuestros ciudadanos de toda la provincia decidir dejar de ser rehenes de estas prácticas piscópatas, que ejercen unos pocos desde el gobierno de la provincia.