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Rossi llegó a San Luis a negociar con el tren fantasma de los Rodríguez Saá

El ex Ministro de Defensa del gobierno de Cristina Kirchner y actual Diputado Nacional, Agustín Rossi, visita hoy la provincia de San Luis como parte del armado político donde sectores del peronismo negocian con miras a las elecciones de 2019.

La última vez que Rossi vino a San Luis fue el 24 de septiembre de 2014, cuando en su condición de Ministro de Defensa en un acto realizado en la puerta del centro clandestino de detención “Granja La Amalia”, entregó a representantes de organismos de derechos humanos las copias encuadernadas de las actas de las reuniones celebradas por los jerarcas de la dictadura desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983.


Hoy, cuatro años después, Rossi de nuevo visita San Luis pero con un objetivo contradictorio, porque la finalidad de la visita es reunirse con Alberto Rodríguez Saá. Alberto y Adolfo Rodríguez Saá fueron críticos despiadados de la gestión de CFK, cuando ambos durante el conflicto con el campo prometían eliminar retenciones al agro y se pusieron del lado de los sojeros que a Rossi lo tenían entre sus bocados predilectos.


También los hermanos Rodríguez Saá están señalados por su rol durante la dictadura militar, porque en 1978 Alberto Rodríguez Saá le envió una carta al almirante Massera donde denunciaba a los dirigentes Arturo Negri, Enrique Morel y Julio Everto Suárez como parte de la organización Montoneros. Adolfo Rodríguez Saá, como presidente del bloque de diputados que combatía al gobierno de Elías Adre publicó una serie de solicitadas donde denunciaba Adre como cómplice de la guerrilla; incluso en los archivos existe una copia de la publicación del telegrama que junto a Oraldo Britos el 14 de octubre de 1975 el Adolfo le envió al Comandante en Jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, donde luego del copamiento al cuartel de Formosa ambos dirigentes denunciaban a Adre como protector de la guerrilla en San Luis.


La situación de Rossi no escapa al contexto nacional del peronismo donde, con tal de preservar espacios de poder, dirigentes que antes estaban enfrentados a muerte e invocaban diferencias ideológicas insalvables, ahora buscan aliarse con fines estrictamente instrumentales, entre los que se incluyen la defensa mutua por denuncias de corrupción.


La dirigencia kirchnerista de San Luis integrada por los hermanos Gonzales Espíndola, Daniel Sosa, las hermanas Serrano, Piri Macagno, Daniel Pérsico y señora, Pedro Risma, entre otros, resolvieron en un día todos los cuestionamientos por corrupción y derechismo que durante décadas le formulaban al gobierno de los Rodríguez Saá y entonces panquequearon tanto que incluso llegaron a dudar de la existencia de la carta a Massera que antes denunciaban con tanto énfasis.


En la misma situación de Rossi quedó hace unos meses la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien visitó el Concejo Deliberante de San Luis y ante la pregunta de un periodista dijo que la carta a Massera era un tema del pasado. Justamente Estela de Carlotto, que ha hecho del pasado una bandera que los organismos de derechos humanos juraron durante años que jamás negociarían.


En esa bolsa de gatos en que se ha transformado el peronismo en los últimos años ahora entran abrazados la biblia y el calefón, porque de ese modo el PJ recibe con los brazos abiertos al sindicalista Hugo Moyano, acusado por graves denuncias de corrupción pero además señalado durante años por Hebe de Bonafini como integrante de la Juventud Sindical que en los 70 asesinaba a jóvenes de la Juventud Peronista; también entran el Adolfo y el Alberto, ambos buchones de los militares y defensores acérrimos del neoliberalismo de los 90; entran los sectores de apariencia progresista que se decían de izquierda pero que ante la falta de espacios políticos rentados negociaron la preservación de la condición de dirigentes a cambio de exaltar las dudosas virtudes políticas de los Rodríguez Saá.


En ese tren fantasma discursivo también entra ATE, que durante décadas fue opositora a los Rodríguez Saá a causa de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de San Luis contra los empleados públicos y que derivaron en el estallido social de 2004, pero que ahora tolera la corrupción y sus dirigentes dicen que prefieren poner el acento en las políticas públicas para “gobernar en base a la Constitución y no al Código Penal”.


Tipos que juraban que “jamás negociarían con corruptos” y que acusaban a los Rodríguez Saá incluso de asesinarles parientes como parte de vendettas políticas, hoy posan orondos gastando a cuenta de futuras elecciones. Ese es precisamente el cinismo que el electorado rechaza y que en 2014 le hizo perder las elecciones al kirchnerismo.