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Roma no paga traidores

Las hermanas Serrano junto a Piri Macagno en San Luis son los propietarios de la franquicia de La Cámpora, un sello piantavotos más asociado a la vagancia que a la política territorial. La Cámpora en San Luis, cuando las Serrano y Macagno aún creían que las becas K durarían para siempre, entonaba el hit “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura de los Saá” (musicalizado con la batucada correspondiente).

Derrotado el kirchnerismo, La Cámpora Sociedad Anónima debatió internamente algunas alternativas para no trabajar, una de ellas fue encadenarse a las reparticiones nacionales donde sus escasos militantes (familiares todos) cobraban suculentos sueldos, o pedirles disculpas a los Rodríguez Saá, acusando a la prensa de sacarlos de contexto cuando puteaban contra “el feudo”. Todo sea por no laburar.


Desde entonces las “docentes” Serrano (se levantan a las 12) junto al Piri vegetaron en el Concejo a la espera de algún traspié municipal, pero como este no llegó se asociaron al impresentable patoterito Iván Piñeyro, para fogonear denuncias contra Transpuntano. El descaro de la UTA Piñeyro-La Cámpora-Mazzina llegó al extremo cuando el gremialista invocó como única solución a los problemas financieros de la empresa, transformarla en una cooperativa y entregársela a los choferes. Unos capos.


Sin posibilidades de progreso político dentro de las filas de los Rodríguez Saá, La Cámpora del Piri y las Serrano decidió quemar las naves y apostar todo a la derrota del sector liderado por Enrique Ponce. Sin embargo la pyme política se encuentra jaqueada por sus propias limitaciones y contradicciones, dado que dentro del rodríguezsaaísmo los militantes de toda la vida miran por encima del hombro a ese minúsculo grupo de golpeadores de bombo, a quienes consideran lisa y llanamente “una manga de parásitos”.


Si se abre un poco el foco de la foto, en la metodología de La Cámpora incurrieron también “la banda de los rompevidrios” integrada entre otros por Daniel Sosa, Dopazo y los Neme, a quienes Juan Cruz Divizia les dedicó unas nada conceptuosas declaraciones, emitidas en el programa de Alberto Trombetta luego de los incidentes producidos durante el congreso del PJ. Las declaraciones de Divizia reflejan el desprecio que sienten no solo los Rodríguez Saá, sino también los militantes pejotistas, por los conversos repentinos que de denunciar al Alberto y al Adolfo por enriquecimiento ilícito y de acusarlos incluso de instigación al homicidio, se transformaron en feroces defensores del feudo al que repudiaban hace apenas tres años.


Está claro que a los Rodríguez Saá los números actuales no les convencen y de las PASO de 2017 recogieron como lección que no deben creerles a las encuestas, que en aquel momento los ponían tres puntos arriba, pero a las 20 del domingo electoral estaban 12 puntos abajo. Después de aquellas traumáticas PASO el Adolfo salió entonces a poner la cara, en el PJ escondieron al esperpéntico Alberto y con 80 palitos pagados por todos los puntanos compraron votos repartiendo electrodomésticos. Adolfo cumple, Gisella indignifica.


El problema se planteó después de las elecciones generales de 2017 porque si bien los Rodríguez Saá ganaron, la pregunta fue a quién recurrir para dividir a la oposición en las elecciones a gobernador de 2019. Sin un Raúl Laborda que vocifere porquerías (no porque no las vocifere, sino porque nadie le da pelota) o un Ceballos que pueda sanatear dentro de la interna radical y torcerla para el lado del gobierno (Ceballos intentó defender la PAS en soledad pero nadie lo tomó en serio), tuvo que salir el Adolfo a encarnar la oposición “radicalizada” contra el Alberto, con la intención de restarle votos a la fórmula Poggi Ponce.


Inaugurando hornos de barro y prometiendo una nueva radicación industrial (justo él, que dejó el gobierno con 45 mil desocupados) el Adolfo se rodeó de los otrora opositores para salir a disputar los votos de la franja de los descontentos que no votan por el Alberto. Flanqueado por Daniel Sosa y por José Luis Dopazo, quien de acusarlo de los peores delitos pasó a manejarle el auto y a sostenerle la bandeja del asado, el Adolfo repitió la maniobra de cuando los Rodríguez Saá cobijaron durante algunos meses al radical Julio Amman y al Negro Muñoz, para luego dejarlos en banda.


Los hermanos González Espíndola ya recibieron la dosis de esa medicina mortal, porque los dos presuntos músicos quedaron fuera de la disputa política tanto en la Cámara de Diputados como en el Concejo Deliberante. Daniel en la Cámara de Diputados saboreó un jugoso sapo a la naranja cuando Gastón Hissa le birló la vicepresidencia de la Cámara de Diputados; por su parte Roberto contempló atónito como Juan Domingo Cabrera le arrebataba la presidencia del Consejo y tuvo que acudir a respuestas inverosímiles para justificarse ante los 40 ñoquis que mantuvo asalariados durante un año. Tanto la docente Serrano como el presunto músico Espíndola echaron mano a las peores herramientas de la política y, fallo judicial mediante, obligaron al Consejo a bancarles con plata de los vecinos la miserable estructura política sobreviviente.


La bronca en las declaraciones del hijo de la Zulema reflejan la presunción de que los conversos que fueron a venderse al feudo que tanto abominaban no han sido perdonados, sino que los Rodríguez Saá les han asignado el trabajo sucio necesario para asegurarse la permanencia en el poder por otro mandato. Roma no paga traidores.