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Proteccionismo trucho con salida laboral

El viernes pasado, ante la sequía de noticias que generen un mínimo de tráfico en redes sociales, la prensa –en particular la televisión- explotó el reclamo de una aparente “proteccionista”, de nombre Elsa Palma, quien al principio intentó “encadenarse” a la barandilla de la rampa de discapacitados de la Municipalidad, pero luego decidió mudar el “reclamo” a la puerta del Concejo Deliberante, donde su actual “madrina”, la concejal que responde a Gastón Hissa, Celeste Aparicio, y Darío Moriconi, un paria del radicalismo con ínfulas de dirigente, le aseguraron un mínimo de trascendencia al acting teatral de Palma, que incluyó un fingido llanto cuando acusó de manera falaz al veterinario Raúl Martínez de “matar perros en la canera municipal”.

La actual Ordenanza de control de la superpoblación de mascotas abandonadas reemplazó a la vieja política de eutanasia, donde la Municipalidad retenía durante 72 horas a los animales vagabundos y si en ese lapso no eran reclamados, los sacrificaba. “La legislación vigente establece la castración masiva sin distinción de género y es el control más eficaz y ético para el control de la superpoblación de mascotas sin dueños. Además es el primer paso para lograr la prevención de ciertas enfermedades zoonóticas, ya que los perros callejeros son agentes transmisores de esas patologías”, explicó el médico veterinario Raúl Martínez, actual director de Zoonosis.


Martínez es uno de los veterinarios de mayor trayectoria en la ciudad y es uno de los más queridos debido a su demostrada sensibilidad social, condiciones humanas innegables que no evitaron que la semana pasada la falta de escrúpulos de la concejal Aparicio y del compadrito de comité Moriconi, atacaran de manera personal al veterinario a través de una banda variopinta de presuntos “proteccionistas”, como así también con perfiles falsos de redes sociales.


La protesta de Elsa Palma con una cadena al hombro y abrazada a un arbolito, puso a la vista a un grupo de individuos de procedencia desconocida y con intereses difusos, quienes se hacen llamar proteccionistas y exigen el manejo de los recursos con los que la Municipalidad regula la presencia en la vía pública de mascotas vagabundas. Palma, por ejemplo, a mediados del año 2000 por problemas laborales se inscribió en el Programa Familias Solidarias, una figura mediante la que la justicia ponía en guarda a menores con problemas familiares a cambio de un pago mensual que efectuaba el gobierno.

El nombre de la actual defensora de los perritos callejeros apareció de manera efímera en los medios con el caso Guadalupe Di Falco, la nenita de tres años asesinada por la pareja de marginales que –vaya casualidad- a través del Programa Familia cobraba para recibir niños en guarda transitoria. Palma, para quien el programa Familia Solidaria era una fuente de ingresos, recibió en tenencia a la hermanita menor de Guadalupe, asignación que vino a confirmar el desquicio con el que se manejaba el programa destinado a brindar protección a niños desvalidos.


Elsa Palma no tenía trabajo ni recursos como para atender a la criatura que la justicia le asignó durante unas horas y protagonizó un escándalo en el hall de Tribunales cuando la jueza Viviana Oste le notificó que debía devolver a la niña, quien ya había sido adoptada de manera definitiva por un matrimonio de Mendoza. Palma entonces, fingió un llanto parecido al del viernes pasado y rodeada de un grupo de mujeres amenazó con encadenarse –práctica habitual por lo visto- si no le devolvían de inmediato a la niñita.


Hasta entonces Palma no había descubierto la veta animalista, afición que le quedó luego de un efímero romance con un adiestrador de perros, quien en la actualidad también opera desde las sombras para que la municipalidad le asigne el cargo de Raúl Martínez. Tanto Palma como el adiestrador son dos casos que merecen atención, porque ambos consideran poseer más conocimientos que un veterinario y entonces el adiestrador diagnostica enfermedades y prescribe tratamientos, mientras que la “proteccionista ex familia solidaria” a través de Facebook baja línea acerca de cómo la municipalidad debe manejar la canera.


En la periferia de esa asociación de intereses, que visualizan la causa de los perros callejeros como una salida laboral, se entrecruza el oportunismo económico de aparentes asociaciones proteccionistas que amontonan animales en condiciones inhumanas con el argumento de que la municipalidad no les aporta recursos; individuos que poniendo fotos de perritos enjaulados en las redes exigen que la municipalidad le dé trabajo, como así también la falta de ética de la concejal Aparicio y del ahora candidato a concejal suplente, Darío Moriconi, quienes no reparan en métodos ni argumentación a la hora de denostar a Raúl Martínez.


Moriconi es el típico exponente del estudiante crónico universitario con pretensiones de dirigente. Inscripto en la carrera de farmacia se tuvo que conformar con el título intermedio de Analista Químico y la única vez que obtuvo un cargo electivo en el Consejo Superior fue reemplazado por unanimidad dado que nunca se presentó a las sesiones. Erigido en un acérrimo defensor de la candidatura de Gastón Hissa y del macrismo bobo, Moriconi en la actualidad matiza posteos contra la municipalidad mezclados con una recalcitrante defensa del terrorismo de Estado.