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Plan de Inclusión: ni derechos ni libertad. Cómo los presionan para no quitarle el plan

El 10 de diciembre de 2018, Alberto Rodríguez Saá afirmaba que él había decretado “derechos humanos de cuarta generación”; mientras tanto en la sede del Ministerio de Desarrollo Social, los trabajadores del plan de inclusión protestaban por bajas de planes y falta de pago en un video que se hizo viral en las redes sociales. Allí expresaban “habla de derechos humanos y miren cómo nos tratan”.

Apenas diez días después, en el acto que se auto-organizó el gobernador para lanzar su reelección, las personas del plan eran obligadas a asistir para darle un “lleno total” al mandatario provincial, bajo amenazas de ser sacados del plan “solidario” de la provincia.

Esos derechos anunciados, más que de cuarta generación solo serían… de cuarta.


Durante 2018, las protestas por demoras en los pagos y las bajas de planes se sucedieron varias veces. La pseudo pelea política de los hermanos Rodríguez Saá sumó nuevos abusos contra todo lo que ya padecen las personas que por la falta de empleo genuino en la provincia deben acudir a ese subsidio social: son obligados a llenar los actos de Alberto Rodríguez Saá; controlados por coordinadores con puño de hierro para que asistan con sus familias a esos actos, bajo amenaza de perder el único ingreso que tienen.


En momentos que el país mira al Sur por el brote de hantavirus y los profesionales de la salud aconsejan no estar cerca de basurales ni de yuyos altos; aquí tenemos miles de personas arrojadas a la vera de ríos y yuyales, expuestos a alimañas, sin ropa de trabajo adecuada ni sanitarios, haciendo cosas con basura que recogen en el lugar.


Para que el abuso de poder no tenga prensa, el gobierno provincial hace una jugada maquiavélica: los más damnificados son los beneficiarios del interior. Desde Villa Mercedes hasta las localidades más pequeñas, la repercusión mediática es nula. Los despidos provocados aquel 10 de diciembre, no tuvieron difusión por el blindaje con pauta del gobierno que mantiene a los medios mudos.


Trabajadores del gobierno provincial manifestaron a LPSL cuando se los consultó sobre estas prácticas extorsivas hacia los beneficiarios del plan: “A nosotros que somos administrativos o que tenemos contrato, nos amenazan que vayamos; imaginensé cómo tratan a los del plan de inclusión. Son menos que animales para ellos. Son carne de cañón por la necesidad”.


El acto de la reelección en el Parque Centenario que administra el gobierno provincial, con el anfiteatro abandonado donde no hay ninguna actividad para los puntanos, fue reciclado contra reloj para que Alberto se diera el baño de multitud que quería, y así obtener la foto de muchedumbre forzada a asistir que los medios con pauta de su gobierno reprodujeron hasta el infinito, desinformando a la gente sobre cómo fue la operación interna de amenazas para llenar el lugar.


Nada es más redituable en lo político para los Rodriguez Saá que la falta de empleo real y genuino. Este clientelismo político de tipo stalinista, les permite aprovecharse no solo del beneficiario sino de toda su familia, mantenerlos cautivos con un voto diciéndoles que sino va a venir y otro y les va a sacar el plan.


La peor cara de esa política clientelística son los merenderos manejados por punteros que dan una dieta insalubre, cargada de azúcares y sin porteínas a los niños de familias más pobres.


En San Luis ya hay experiencias que están demostrando que se puede dar ayuda social sin manipular eternamente a las personas; alcanza con ver las cooperativas de la ciudad de San Luis y la flamante Bloquera Solidaria o dándoles además una capacitación que les permite aprender un oficio para que puedan valerse por sí mismos en una escenario provincial de cero propuesta gubernamental de creación de empleo.


Terminar con la manipulación de las vidas de los puntanos más vulnerables es una decisión que cada ciudadano de la provincia de San Luis deberá tomar. Exponer a que los hijos de los más vulnerables continúen este camino, siendo destruidos en su dignidad, tirados a la orilla del río sin aprender un oficio útil, o si quieren que las generaciones jóvenes y niños puntanos tengan un futuro próspero con autoestima y dignidad.