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Periodismo ¿Qué periodismo?

El periodismo, tal como lo conocimos hasta el siglo XX, ha fallecido y su lugar ha sido heredado por las redes sociales y una inmensa pléyade de cuentapropistas desocupados metidos a comunicadores, detrás de quienes a veces se esconden intereses políticos. La función de los cuadraditos grises con los que el Diario de la República bajaba línea en los 90 y con los que los Rodríguez Saá disciplinaban a propios y ajenos, hoy está en manos de personajes capaces de publicar cualquier porquería a cambio de unos pocos pesos.


En ese contexto las redes sociales ocupan hoy el lugar que antes ocupaban las radios, los diarios y la tele, pero con el “agravante” de que publicar allí no exige ninguna idoneidad, ningún imperativo ético y ni siquiera es necesario conocer los rudimentos mínimos de la escritura. Con postear “la foto que me mandaron” y un mínimo epígrafe con errores ortográficos, la maldad se ha consumado. Ni hablemos de la objetividad, tan discutida en Ciencias Humanas.


Pero la difamación rentada no solo es patrimonio de los Rodríguez Saá, sino que por ejemplo David Suárez, un simpatizante radical que a raíz de una causa judicial por el robo de un televisor del Ministerio de Desarrollo Social en 2004 (cuando la sede gubernamental se encontraba aún en calle 9 de Julio) adoptó el seudónimo “Javier Ruiz”, cumple la función de un troll que responde a un sector de Cambiemos.


Suárez obtuvo cierta notoriedad cuando a partir de la construcción del Corredor Vial, salió a denunciar que el gobierno le iba a derrumbar la casa. En ese domicilio, Suarez como medio de vida posee un kiosquito a un costado de calle Chacho Peñaloza, entre los árboles, a pocos metros del Puente Blanco. Un sector de Cambiemos utiliza a David Suárez como ariete fantasma de presión para apretar adversarios.


Incluso David Suárez hasta no hace mucho conservaba la esperanza de obtener pauta oficial en las mismas condiciones que el resto de los periodistas, a pesar de que su producción “periodística” apenas se limita a plagiar notas de los demás medios sin citar fuente y viralizar operaciones de prensa contra los adversarios políticos del sector de Cambiemos al que Suárez responde a través de Facebook, bajo el rótulo pomposo de periodismo independiente.


En Villa Mercedes no hace uno mucho, un portal al que solo le funciona el tilde francés, inició una campaña donde denunciaba que el empresario Mario Rovella robaba áridos de una cantera. El predio en cuestión pertenece a un pariente lejano del tío de un vecino de la prima del dueño del portal y entonces este personaje a través de un periodista televisivo bronceado por demás, apretó a Rovella para sacarle nada menos que seis millones de pesos. Aseguran que el arreglo fue por un monto infinitamente menor, que por lo visto satisfizo el reclamo de los presuntos periodistas, quienes de inmediato quitaron la foto de Rovella de la primera plana. 


Para esto sirve hoy el periodismo y la pregunta que surge es ¿qué está sucediendo con la profesión de periodista para que personajes que ni siquiera pasarían el curso de ingreso en una universidad de medio pelo, hoy consigan sobrevivir a partir de que algunos incautos (y no tan incautos) compartan y viralicen las operaciones permanentes que desde allí emanan?