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Pan para hoy, hambre para mañana

La entrega de $50.000 a pequeños negocios por parte del Gobierno es un parche que no resuelve el problema. En pocos meses deberán, además, afrontar las cuotas de $5000 para devolver el préstamo en un escenario de recesión y falta de consumo.

El proyecto populista de Alberto Rodríguez Saá de entregar 50.000 pesos a pequeños comercios de baja facturación anual se convertirá en otro dolor de cabeza cuando los comerciantes deban devolverlo y el consumo empobrecido los obligue a afrontar un nuevo gasto fijo con la cuota de $5.000.

Tal como en las familias cuando se “tarjetea” para suplir la plata que no hay en la realidad, con la ficción de que es dinero pero que luego hay que devolver, salvar negocios temporariamente es un paliativo pero a la larga tendrá consecuencias, como cuando llega el resumen de la tarjeta.

La plata que ingresa a los negocios será la misma o menor por la restricción del consumo por la devaluación del salario y deberán afrontar además el pago de las cuotas de ese préstamo.

El problema de base es la escasa capacidad de compra que tienen hoy los sueldos de los consumidores. Sin consumo no hay negocios sostenibles en el tiempo por más curita que se ponga.

Lo único que mueve la creación de negocios que puedan ser viables es que haya consumidores con capacidad de compra, que es lo que hoy falta. Sostenerse a préstamos es uno de los manotazos de ahogados que todos realizan para, incluso, sostener el nivel de vida familiar cuando las cosas se complican, y siempre fue una mala idea porque luego se sumará esa deuda.

El dinero debería estar en los bolsillos de los consumidores y para ello estos deberían tener trabajos reales, lo que realmente falta en San Luis. El Gobierno de Alberto Rodríguez Saá no sabe cómo generar fuentes de trabajo estables, siempre se ha apoyado en repartir fondos públicos del presupuesto de Gastos Corrientes a través de planes, créditos, etc.

Incluso desde el Estado provincial son incapaces de utilizar la monumental mano de obra de los beneficiarios de planes para generar estructuras productivas de calidad que generen trabajo real y sostenible. Se los tiene poniendo piedritas y pintándolas con cal a la orilla de los ríos como en la crisis del 2001, en síntesis, haciendo algo que no sirve  y que el clima y el tiempo destrozan , que no tiene valor real de ninguna clase, y que nadie usa. Un despilfarro de recursos humanos y financieros en la provincia.

Tampoco han logrado intervenir en las empresas que dijeron salvarían para que no se pierdan empleos reales y en blanco. El dinero real que consume y sostiene los negocios sale de esos sueldos de los trabajadores. Todos los meses una sangría de 200 a 500 puestos de trabajos reales se pierde mientras el Gobierno provincial no hace absolutamente nada.

Está visto que el reparto de fondos públicos a través de subsidios, planes, préstamos seguirá siendo la norma y se profundizará en el año electoral de 2019 con el presupuesto sin datos de los 31.000 millones de pesos que manejará Alberto Rodríguez Saá.

En este círculo vicioso de mantener al pueblo pobre sin economía real, sin producir, sin trabajos estables y sostenidos, sostener el poder con la dádiva se ha vuelto un Síndrome de Estocolmo para los puntanos.

Hay otra manera de hacer las cosas, pero habrá que ver si el pueblo de San Luis madurará para afrontar un destino mejor o si se seguirá conformando con la entrega de fondos provinciales que son pan para hoy y hambre para mañana.