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No todo es lo que parece

Luego del encuentro kirchnerista de La Pedrera, Adolfo Rodríguez Saá salió corriendo a reunirse con Macri. Bastaba con mirar las caras presentes en Villa Mercedes y seguir un poco las redes sociales para notar que la convocatoria del actual gobernador solo atrajo al núcleo duro Nacional y Popular, siempre refractario a posibles aperturas que despierten un interés más amplio. La actitud del Adolfo dos días antes del acto kirchnerista fue elocuente, porque ante el zumbido de las críticas internas del voto duro adolfista, ese que simpatiza con Macri y odia a “La Yegua”, al Adolfo no le quedó otra que poner paños fríos para tranquilizar a su feligresía.

El Alberto, el mismo que en plena dictadura le mandó una carta a Massera buchoneando a militantes políticos y que durante el gobierno de CFK utilizó cualquier argumento para denostarla, ahora de repente se volvió kirchnerista. El Alberto es el mismo que, al igual que su hermano Adolfo, se volvió multimillonario con la política y que desde la vuelta de la democracia en adelante ha digitado junto al Adolfo la política provincial llevándola a un estado de postración que ha sometido a 80 mil puntanos a la maldición de los planes sociales, política clientelar pensada no como solución transitoria, sino como herramienta de disciplinamiento electoral.


Los Rodríguez Saá siempre determinaron dos categorías: vasallos y enemigos. Vasallos son aquellos que se someten por monedas y trabajan para mantener el control político impuesto por los hermanos y enemigos son aquellos que no aceptan ese yugo. Adolfo, el mejor alumno del Banco Mundial, el privatizador de las empresas públicas en los 90 y aliado del menemismo. Por el otro lado el Alberto, aparente enemigo del menemismo, el que mientras el Adolfo arreglaba con Cavallo el ajuste, denunciaba que la reforma constitucional del 94 era “un mamarracho”.


En ese contexto de disputas que no son tales, irrumpe dentro del PJ oficial de San Luis el corso a contramano del cristinismo puntano, un puñado de dirigentes que no dirigen a nadie, muy ruidosos en las redes sociales pero sin representatividad territorial alguna. Son ellos quienes desde ese famélico espacio ahora bajan línea midiendo con una vara despareja y alienada al resto de la dirigencia política.


Ese grupo de dirigentes, hasta no hace mucho tiempo cristinistas furiosos, a cambio de conchabo estatal abandonaron la militancia por la ex Presidenta y ahora sostienen que Cristina es invotable y que hay que apostar por el Alberto para la presidencia.


Las opciones en San Luis entonces hoy son los Rodríguez Saá o el Gobierno Nacional. Los Rodríguez Saá con su extenso historial de corrupción y atropellos, y el Gobierno Nacional con una larga lista de promesas a largo plazo. Pero en el medio de esas dos opciones se encuentra la gente, el tipo que se levanta a laburar todos los días o aquel que no tiene trabajo porque la fábrica se fue.


Suponer entonces que la proclama publicada a través de las redes sociales por el concejal Piri Macagno, donde invoca diferencias ideológicas con el Intendente Ponce tan solo porque se sacó una foto con intendentes de Cambiemos resulta insuficiente, porque fue Piri quien efectuó el primer contacto con Cambiemos, a través del número dos de Marcos Peña. El gobernante gobierna para todos, para los que lo votaron y para aquellos que piensan distinto. Una cosa es el corazoncito y la simpatía política y otra cosa es llevar adelante la gestión de una ciudad con carencias históricas como es la Ciudad de San Luis. Está muy claro que si los Rodríguez Saá no obtienen sumisión completa, entonces van a la guerra, pero esa guerra no es solo contra el Intendente de turno, sino contra los vecinos, quienes a veces se ven privados de servicios a causa de una disputa que les resulta ajena.


Hoy la provincia apenas produce un 10 por ciento de lo que consume y el resto es coparticipación nacional. Los Rodríguez Saá hablan del “modelo San Luis” que hoy solo significa desocupación con la mitad de la población económicamente activa dependiente de planes sociales y sin una formación educativa que les permita afrontar de manera exitosa la crisis. Cuesta encontrar entonces argumentos para rechazar colaboración del Gobierno Nacional para bancarles la parada a quienes durante 40 años se enriquecieron a costa del pueblo de San Luis. Pero claro, la promesa de una diputación nacional a veces tira más que una yunta de bueyes.