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Los Rodríguez Saá promueven la violencia política para que elijan a uno de ellos y no a un partido

La mañana del viernes comenzó con un cuello de botella en la calle Caídos en Malvinas por el corte de media calzada frente a la sede del Partido Justicialista de San Luis; y las imágenes de violencia verbal y física se suceden por estos momentos frente al edificio ubicado en Héroes de Malvinas; provocando problemas a los automovilistas que ingresan a la ciudad por esa vía.

La imagen del embotellamiento también sirve para ejemplificar lo que está pasando al interior del partido cuyo sello tienen en su poder desde hace 40 años los hermanos Rodríguez Saá. Las peleas familiares que solían dirimirse a puertas cerradas ahora son públicas y eso hace pensar en una estrategia para validarse como oficialistas y opositores en las próximas elecciones. Y todos parecen estar cayendo en la trampa de los Rodríguez Saá: propios y extraños.


Agravios entre ellos, gas pimienta, sobrinos enojados que hacen declaraciones públicas; el gobernador echando a policías tratándolos de “servicios de inteligencia”. Parece una exageración pero no. Todo vale para seguir estando en el poder.


Hoy habrá un nuevo capítulo en esta novela, en el marco del Congreso Justicialista que se judicializó a partir de la cautelar interpuesta por Adolfo Rodríguez Saá contra la convocatoria de su hermano Alberto.


El culebrón de los Rodríguez Saá tiene un solo objetivo: que la gente elija entre ellos… o ellos, en las elecciones de este año. El resultado buscado es que los sanluiseños voten a uno o a otro de los Rodríguez Saá para que al poder lo sigan manteniendo los Rodríguez Saá; y eso es lo que por estas horas la mayoría de la población no ve.


Los hechos de violencia y enfrentamientos públicos del rodriguezsaaísmo deberían ser un llamado de atención a la ciudadanía y decir de una vez por todas basta a este manejo de la política. Basta de ridiculez de ver a ministros y funcionarios perder el tiempo en cuestiones partidarias en vez de estar trabajando para la gente que les paga el sueldo. Basta de violencia política y circo en vez de ocuparse de resolver los problemas de salud y de empleo. Basta de tanto mal ejemplo mientras cierran escuelas, hundiendo a la población en la ignorancia y el maltrato como maneras de manejarse en la vida.


¿Hasta donde enterrarán las débiles prácticas democráticas que quedan en la provincia? O el pueblo se despierta ahora, o ya vemos qué es lo que viene: una provincia violentada por una estrategia política de enfrentamiento como campaña electoral de los dueños del último feudo del país.