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Los ministros de Alberto en pie de guerra por los sillones y los negocios

La interna partidaria del rodriguezsaaísmo alimentada por los ministros de Alberto Rodrígueez Saá como cabecera de la postulación a la reelección de su jefe político tiene muchos condimentos personales. La mayoría de ellos busca retener los sillones ministeriales que les permiten un gran enriquecimiento personal y poder político.

A otros los mueve la necesidad de que su destino judicial sea benévolo, tal es el caso de Sergio Freixes, ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción que debe enfrentar en breve un juicio por haber sido uno de los mandados de Alberto a presionar jueces para que firmaran su renuncia anticipada. Freixes fue uno de los destinatarios de los dardos certeros de Adolfo Rodríguez Saá la semana pasada en la sede del PJ provincial. El ministro que tiene una pésima relación con el campo, con los marmoleros de La Toma a los que dejó sin insumos de la cantera para trabajar y que necesita de la mano del gobernador para no quedar preso, sobreactuó su obsecuencia y se puso al Adolfo en contra. Esta situación fuerza aún más la necesidad de Freixes de que el gobierno no cambie de actor pues sino caerá en desgracia.

Otra de las ministras cien por ciento albertistas es Alicia Bañuelos, una de las primeras en salir a proponer la reelección del gobernador. Ministra de Ciencia y Tecnología de la provincia, goza de un excelente pasar económico gracias a que cada una de sus ideas conlleva la creación de empresas para concretarlas y esas sociedades quedan en manos cercanas y familiares.

A pesar de que su actuación le costó juicios millonarios a la provincia como ocurrió con la empresa NEC, Bañuelos siempre cae bien parada. Se trate de la colocación de antenas de wifi a instalar empresas de las llamadas “punto com” en el PILP de La Universidad de La Punta, todos son buenos negocios. El enriquecimiento personal de Bañuelos va de sociedades a propiedades, es prácticamente la “duquesa” del Valle de Pancanta donde afecta la ecología y medio ambiente plantando especies no autóctonas contra toda recomendación sobre biomas nativos sin que Freixes desde Ambiente le diga nada.

Para ello el matrimonio ministerial de Bañuelos y Juan Carlos Marini tiene varias empresas, entre ellas Rama y Merlin, S.A. se encargan del tema de la forestación antiecológica, proyectos inmobiliarios y turísticos en la zona de Pancanta y de pastoreo de ganado. Para todo ello reciben exenciones impositivas y subsidios del Gobierno provincial que solventan todos los puntanos.

Otro tema candente es cómo se comporta el matrimonio Bañuelos con los vecinos de sus propiedades. En febrero del año pasado, la Justicia dispuso que el esposo de la ministra no se acercara a su vecina Rosa Ojeda ni a su grupo familiar a menos de 300 metros de distancia y le impuso una orden de restricción por las agresiones perpetradas por Juan Carlos Marini. La medida fue tomada luego de probar numerosas agresiones y amenazas del esposo de Bañuelos que haciendo abuso de poder impedía el uso de un camino vecinal que quedó encerrado en una de las tantas propiedades de miles de hectáreas que compraron en Valle de Pancanta.

Para sostener ese poder económico y el standard de “dueños de las cosas” con que le gusta pavonearse a la ministra y su esposo, Bañuelos y familia también necesitan que nada cambie en Terrazas del Portezuelo. La última aparición de Juan Carlos Marini contribuyó a esa pelea por el poder en Terrazas cuando desde las redes sociales se burló de Adolfo Rodríguez Saá y su mujer por la foto armada del día del maestro donde se los veía leyendo libros al revés.

Otro de los grandes millonarios que tiene muchos intereses en que Alberto conserve su lugar en el Gobierno es Felipe Tomasevich, ministro de Obras Públicas, miembro de una familia multimillonaria que desembarcó en San Luis con negocios de las energéticas y el rubro hotelero y turístico que tanto le gusta a Alberto en sus actividades empresariales privadas. También a través de las finanzas, el Banco Supervielle y la colocación de deuda, los Tomasevich son los consejeros financieros y de negocios de Alberto Rodríguez Saá. Muchas de las decisiones de medidas y obras que se hacen responden a los intereses económicos de la familia Tomasevich. Para mantener ese poder, el ministro quiere la reelección de Alberto e ir él mismo por la intendencia de San Luis, lugar donde quiere hacer pie con los negocios familiares en el rubro inmobiliario. En este caso se demuestra que los ricos nunca se sacian, siempre quieren más.

Los demás ministros del riñón del séquito albertista son cuadros menores pero que igualmente han consolidado un buen pasar económico a lo largo de los años como en el caso de Graciela Corvalán y Angela Gutiérrez de Gatto, quienes acompañan al gobernador desde que no tenían un peso en el bolsillo y hoy son dueñas de negocios y propiedades. Destacadas por su falta total de compañerismo y una actitud individualista y obsecuente, han llegado a lo más alto de la confianza de su jefe aunque no le puedan sumar ni un voto porque nadie las aprecia en las bases. Su lugar en el Gobierno no se debe a su capacidad sino a la obediencia debida que practican, cualidad que los hermanos Rodríguez Saá aman ya que no toleran no solo no ser cuestionados sino ni siquiera asesorados, o como dijo un consultor contratado en las últimas elecciones “en San Luis están todos locos, los Rodríguez Saá hacen una estupidez y los de abajo no ponen racionalidad, aplauden”, afirmó sorprendido por la falta total de criterio en la gente que rodea al poder en San Luis. “Cada vez que explicamos que algo no se hace así, nos responden con cara de pánico que es una orden del Alberto o del Adolfo” decía asombrado el consultor.

Si hay algo que los Rodríguez Saá han logrado para ser sostenidos en el poder es la creación de una burguesía prebendaria del Estado provincial creada a partir de sus cuadros más leales, cada hermano tiene su grupo, y ese crecimiento económico personal de sus séquitos es la garantía de que tienen alfiles dispuestos a matar o morir con tal de mantener sus privilegios. Hay que sumar que prácticamente todos los grupos familiares de sus funcionarios tienen cargos en la estructura gubernamental y así esta masa de nuevos ricos gracias a la política no quiere dejar ni un centímetro de ventaja que lime sus ganancias familiares.

En la pelea interna por la gobernación se juega, entonces, mucho más que la política. Se juegan los puestos familiares y los negocios de los ministros. Lo mismo ocurre del lado de Adolfo, hacen fila por recuperar esos sillones.

Dependerá del pueblo seguir alimentado o no la casta feudal de señores y señoras que se enriquecieron con la función pública.