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La problemática salud en San Luis y un hospital gigante que debería solucionar la cuestión de fondo

Cualquier encuesta en San Luis determinará que un reclamo sostenido a lo largo de los 35 años del régimen de los Rodríguez Saá es por un hospital con servicios de salud de calidad. Si el gobierno ha dejado para el final -cuando el Alberto y el Adolfo biológicamente ya se están yendo- el anuncio de la construcción de un megahospital, fue porque antes los Rodríguez Saá establecieron otras prioridades.Los seis millones de dólares del Ave Féinix; un aeropuerto que costó 15 millones de dólares y en el que nunca aterrizó un avión de línea; el autódromo de Potrero de los Funes, que costó 60 millones de dólares y solo sirvió para arruinar uno de los paisajes más bonitos de la provincia; o el autódromo de La Pedrera, que dos años después de inaugurado nadie sabe muy bien cuál es el beneficio directo que significa para la comunidad de Villa Mercedes. Los 7 millones de dólares del Estadio Juan Gilberto Funes, o los 30 millones del Mundial de Ajedrez y la Caja de los Trebejos, los 20 millones de la Ley de Cine para pagar películas que nadie vio, o el agujero negro de una universidad provincial sin reconocimiento oficial ni carreras acreditadas.

Sin embargo, el anuncio de un megahospital no resuelve el problema de la salud pública en San Luis, porque en todo caso el reclamo de la comunidad no ha sido nunca por un hospital de lujo, sino por un hospital con profesionales idóneos que resuelvan los problemas que históricamente los pacientes puntanos fueron a solucionar a otras provincias. Quién, ante alguna patología compleja, no escuchó el consejo “andate a Mendoza, a Córdoba o a Buenos Aires, pero no te hagas atender acá”.


La Carrera Sanitaria lejos de mejorar la calidad de las prestaciones de salud, pauperizó la profesión de los médicos y entonces todos aquellos profesionales con expectativas de crecimiento económico siempre permanecieron poco tiempo en los hospitales de la provincia, para migrar luego hacia la actividad privada. Pero además San Luis no es un destino atractivo para que los médicos recién recibidos luego de concluir la residencia y la especialización se radiquen en la provincia y continúen trabajando en la salud pública como especialistas, sino que apenas concluyen sus estudios los nuevos profesionales buscan otros destinos más rentables.


Es inconcebible que San Luis durante años no contara con un neurólogo cirujano estable, o con un traumatólogo cuando la provincia tiene una las autopistas con mayor índice de accidentes. El gobierno ante la falta de especialistas emparchaba y salía del paso contratando profesionales de otras provincias para que atendieran sábados y domingos. Los Rodríguez Saá históricamente han manipulado los índices de mortalidad infantil a partir de la permanente migración de niños al hospital Notti, de Mendoza, que hace cinco años anunció que interrumpiría la atención a los pacientes derivados desde San Luis, porque el gobierno no pagaba los aranceles acumulados.


Son recientes las protestas salariales de los profesionales y técnicos de la salud, quienes llegaron a cortar la Ruta 7 para hacerse escuchar y para que el gobierno entendiera que estaban pidiendo remuneraciones acordes a la importancia del servicio que prestan y a los riesgos que afrontan. Sin que el gobierno resuelva el problema de los recursos humanos, el anuncio del nuevo hospital corre el mismo peligro que el resto de las obras faraónicas de los Rodríguez Saá de terminar transformado en una lujosa cáscara vacía al igual que la ULP.