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La prepotencia de Rodriguez Saá evidencia su paupérrima política de salud



San Luis es una provincia que desde hace varias décadas no produce nada de lo que consume, ni siquiera la carne y la leche, porque las vacas se van en camiones jaula y vuelven hechas bifes o zapatos, mientras que la leche sale en camiones cisterna y vuelve en tetra brik. Sin embargo, el gobierno matón de Alberto Rodríguez Saá se da el lujo de maltratar a los camioneros, nexo fundamental entre los productores de otras provincias y los puntanos consumidores.




Históricamente el Alberto ha sido reconocido a nivel nacional por su torpeza; el Adolfo era el carismático, mientras que el Alberto era el paisanote bravucón. Sin embargo la coyuntura de la pandemia ha sensibilizado los ánimos a punto tal que al gobierno de San Luis ya no le basta con inundar la economía local con planes sociales y tampoco le sirven la bandada de troll en redes sociales (algunos pagos y otros vocacionales redimidos recientemente) para ocultar que el verdadero problema de San Luis es la falta de un sistema de salud confiable y suficiente.


Históricamente para los Rodríguez Saá la salud fue un problema que se resolvía con la resignación de los pobres, mientras que la clase media se las arreglaba en otras provincias. Fue así que durante décadas el Adolfo mintió con una supuesta baja constante en la mortalidad infantil; pero claro, si los niños de San Luis que atravesaban enfermedades graves se iban a otras provincias como el Hospital Notti de Mendoza, o el Garrahan en Buenos Aires, a veces también a Córdoba y esas tasas de letalidad luego les eran endosadas a los vecinos, nunca a nosotros.




La muestra mejor definida de esa carencia fue la noticia de que la ministra Zavala Chacur viajó en plena pandemia a Córdoba a tratarse de una dolencia de apariencia seria. El Alberto mintió con el Centro Oncológico, como el Adolfo mintió con el Centro Oncológico anterior. Servían, pero para algunas cosas, porque cuando las papas quemaban de San Luis había que salir corriendo a buscar médicos especialistas afuera.


Tomasevich unos meses antes del ostracismo también mintió cuando dijo que con el nuevo mega hospital Ramón Carrillo el problema de la pandemia se resolvía. Mentira, si el problema no se arregla esta vez con hierros y  vidrios, el problema ahora son los médicos y enfermeros que San Luis nunca cuidó y que con la catástrofe sanitaria actual se han vuelto ya no escasos, sino imposibles de conseguir. Pero el gobierno supone que todos los problemas se resuelven así, con plata para  empresas de origen y propiedad incierta,  de lo contrario, a azotes.




La segunda opción es la que eligió el Alberto desde el primer parte epidemiológico, cuando escrachó a varias personas que se encontraban fuera de la provincia e ingresaron a último momento. El Alberto, enancado en un sentimiento de odio contra la gente que viajaba a pesar de las advertencias, se despachó a gusto y obtuvo aplausos de foca, de esos que tanto precisa su ego.


Luego vinieron las razzias policiales, con 200 detenidos por día amontonados en calabozos o en la Jefatura Central, con el embargo posterior, la retención del vehículo y si era del Plan, la expulsión inapelable. Incluso desde el ministerio de Salud llegaron al delirio de mandar a los grupos de whatsapp el pdf con el listado de las personas aisladas, con nombres, teléfono y dirección.




Pero claro, de esas focas que aplaudían al despótico gobernador, a los pocos días varias aparecieron en situaciones irregulares violando la cuarentena. Pero hete aquí que en esos casos los que rompieron no pagaron ni perdieron el empleo. Mintieron una reunión de trabajo y se fueron a la casa como si nada.


La situación empeoró cuando en dos de esas razzias murieron dos personas dentro de comisarías en  Santa Rosa y Villa Mercedes. El faraónico Alberto, que hasta entonces en sus reportes ventilaba escraches de todo tipo –como aquel del quesero de Tilisarao- durante un montón de tiempo no se dio por enterado de los decesos y cuando no le quedó otra que responder dijo que no, que la policía no tenía nada que ver y como de nuevo las focas aplaudieron, todo quedó así. En los muros de las redes sociales aparecieron memes “Policía 2, covid 0”. Claro, esas focas redimidas critican a la policía bonaerense por el caso Facundo Castro, o a la gendarmería de Patricia Bullrich por Santiago Maldonado, pero de los casos de acá no dicen ni mu.




El contagio estalló de golpe, porque tal como habían advertido desde APTS (Asociación de Profesionales y Técnicos de la Salud) con bloquear la provincia con bordos de tierra, el problema del virus no se resolvía, sino que el gobierno debía cuidar los recursos humanos del sistema de salud sino quería quedarse sin médicos y enfermeros. La muestra palpable ocurrió en Tilisarao, donde una persona infectada con covid, contagió a todo el personal del hospital zonal. Sin embargo el Alberto, de azote fácil, acusó a los médicos de contagiarse tomando mate.


El problema ahora está enfocado en la impotencia por los protocolos de ingreso a la provincia, porque a la brutalidad con la que Rodríguez Saá modificó el protocolo nacional de circulación, se han sumado los reclamos no solo de las personas que necesitan volver a San Luis y no tienen dinero para pagar 15 días de hotel, sino que además los camioneros han hecho circular videos mostrando las condiciones paupérrimas en las que son confinados en los depósitos dispuestos por el gobierno para el trasbordo de las cargas.

Los camioneros, que necesitan descansar para poder seguir trabajando han mostrado la precariedad de las carpas donde Rodríguez Saá los obliga a permanecer hacinados y sin los servicios mínimos. La bronca llegó a tal punto que hace dos días uno de ellos se encadenó en señal de protesta, mientras que las familias de los transportistas buscan la manera de asociarse para hacer valer un mínimo de derechos humanos.


También los médicos aislados en La Pedrera hicieron circular videos para mostrar que no tenían siquiera agua para bañarse, como así también los aislados en la UPro de Villa Mercedes denunciaron no solo que no tienen baños adecuados, sino que están separados por tabiques de nylon y que la comida es calamitosa.


En Villa Mercedes la gente por unanimidad pedía un hospital, pero el Alberto los obligó aplaudir La Pedrera. San Luis tiene 3 autódromos en menos de 100 kilómetros (dos y medio en realidad, porque el de Potrero de los Funes que costó una suma hoy incalculable solo conserva aquel enrejado absurdo). Además continúan en plena construcción el hotel cinco estrellas de La Punta y el teatro que el Alberto (que en una época quiso ser actor) mandó a construir en el predio del ex hipódromo, en medio de unas de las zonas más pobres de la ciudad. Mientras tanto, para pelearle al covid Rodríguez Saá solo utiliza el miedo como herramienta y la descalificación permanente contra quienes se animan a protestar.