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La insólita publicidad de los Rodríguez Saá donde se victimizaban y culpaban a sus actuales aliados

En el año 2004 recién iniciado su primer mandato, Alberto Rodríguez Saá hizo gala de su estilo despótico y confrontativo y adoptó una serie de medidas que literalmente lo enfrentaron a la mayoría de la población. Por ejemplo, decidió intervenir todas las escuelas y reemplazar los directores por militantes políticos del PJ; intentó derogar el Estatuto Docente y le quitó la administración de los institutos de menores a la Iglesia Católica luego de echar de la Provincia a la Orden de los Frailes Capuchimos. Además, intentó mermar el padrón del recién creado Plan de Inclusión Social, introduciendo como ordenanzas, docentes y agentes de policía a beneficiarios del plan.


El conflicto estalló a fines de junio, cuando una noche un grupo de docentes se negó abandonar la legislatura para evitar que se tratara un paquete de medidas que incluían la derogación del Estatuto del Docente. Rodríguez Saá mandó la policía a reprimir y entonces que esa madrugada la bronca estalló y se volvió imparable porque a la noche del 30 de junio manifestantes y policías se enfrentaron en la puerta de Casa de Gobierno. Hubo vidrios rotos, gases lacrimógenos, manifestantes y policías heridos y la policía comenzó a perseguir por las calles de la ciudad a cuanto de grupo de gente se cruzaba a su paso hiriendo gravemente a personas que no participaban de la protesta.


A la movilización se sumaron sectores de derecha nucleados bajo el sello de Laicos Autoconvocados que protestaban por el arrebatamiento de los institutos de menores; los gremios docentes; empleados municipales que en ese momento defendían la Intendencia luego de que Rodríguez Saá intentara imponer a María Angélica Torrontegui mediante elecciones truchas; sectores de izquierda tanto de la Universidad, como así también -aunque muy minoritarios- del PC y gente que se indignó ante el uso de los Beneficiarios del Plan de Inclusión quienes eran comandados por Zulema Rodríguez Saá como fuerza de choque contra los manifestantes


Fue entonces que en los canales de Buenos Aires el Gobierno de la Provincia pautó un video de tono lastimoso que se preguntaba “¿Por qué nos atacan?” y acusaba a la izquierda de intentar rememorar los años 70 primero derrocando el gobierno provincial para ir luego por el gobierno nacional. La relación con Massera y con Brito Lima, entre otros, demuestra que los Rodríguez Saá siempre fueron de extrema derecha, pero vaya paradoja del destino, porque Daniel Sosa, uno de los principales y más activos dirigentes que encabezaron los disturbios de 2004, hoy trabaja para Rodríguez Saá, configurando también otro posible caso de “Síndrome de Estocolmo” semejante al de la viuda de Gorriarán.


El régimen de los Rodríguez Saá nunca estuvo tan cerca de desplomarse como en 2004, pero justo apareció en escena el actual diputado Daniel González Espíndola, quien como asesor de la Secretaria General uno de los gremios docentes y contra el mandato de las bases, negoció con el gobierno y de ese modo desactivó la protesta. González Espíndola, un lumpen de la política formado a fuerza de roscas y traiciones, cuando el kirchnerismo recién asomaba como movimiento y nadie confiaba en que llegara a gobernar, obtuvo el sello partidario y desde entonces él y su hermano Roberto nunca más volvieron a trabajar. Ambos hoy, de acérrimos opositores a Rodríguez Saá, como cuando Daniel entregó la lucha docente en 2004, se volvieron a vender y se transformaron en empleados de Alberto y Adolfo.