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“La Cosa Nostra” Albertito y Gisella las manos negras detrás de la pelea por la herencia familiar

Durante casi 40 años en el poder, la familia Rodríguez Saá ha sabido cosechar millones de dólares en negocios, propiedades y empresas. Todo comenzó con la venta de los decretos para la promoción industrial y continúa hoy con las obras estatales asignadas a sus propias empresas.

La grieta familiar actual es el resultando de la acumulación de riquezas y la lucha por quedarse con una fortuna incalculable. La ambición por las empresas de la familia tiene dos extremos, por un lado la esposa de Adolfo, Gisela Vartalitis; y por el otro; Alberto Rodríguez Saá junior. Ambos responden a cada una de las familias que pujan por quedarse con las empresas y las propiedades.


La fortuna de los hermanos Rodríguez Saá va desde mansiones, a hoteles en otros países y ciudades del país. Además poseen grandes constructoras, autobeneficiadas con obras, bodegas y hasta bares. Un coctel jugoso que más de un puntano quisiera tener.

Las Orquídeas, las firmas Las Aguilas y Cafulcurá S.A. y el grupo de medios Payné, son algunos de los negocios que han salido a la luz en los últimos años.


Antes de la llegada de Vartalitis, la familia estaba unida al mejor estilo de la Cosa Nostra italiana. Todos tenían su tarea específica, desde instalar obras con relatos periodísticos a quedarse con toda la cartelería vial de la provincia.


Con la mendocina ya metida de lleno en el manejo de los negocios comenzaron las asperezas y todo decantó en una lucha netamente económica, a veces disfrazada de política. La última "donación" que recibió Vartalitis fueron los 80 millones a su fundación.

Con la pasividad de los otros hermanos, el albertito como le dicen al actual secretario General del gobierno, empezó a cercar a su tía política y a "conducir" algunas empresas. Como por ejemplo el diario familiar y una histórica radio que figura entre las últimas adquisiciones del grupo.


Por ahora la guerra por la herencia está más fuerte que nunca, a pesar de que muchos sospechen que todo se trata de una farsa.