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Gisela Vartalitis, la semilla de la discordia entre Adolfo y Alberto

La mendocina Gisela Vartalitis (48), esposa del senador nacional por San Luis Adolfo Rodríguez Saá (71) sería el motivo por el cual se ha roto el pacto de lealtad entre los hermanos Rodríguez Saá.

Las cosas no están definitivamente destruidas porque se necesitan mutuamente, si cae uno caen los dos, pero están complicadas y la situación es económica y política y tiene consecuencias económicas y políticas.

Con los recientes desplantes mutuos que cruzaron de una vereda a otra del rodriguezsaaísmo quedó sellada la situación nada agradable que está transitando la relación fraterna en la familia feudal. Sabido es que existía un pacto implícito en que las esposas y novias no tenían ni voz ni voto en las cuestiones políticas, pero Adolfo lo ha roto y Alberto está enojadísimo.

Vartalitis, que con habilidad se instaló como el “reposo del guerrero” en la vida del veterano caudillo, ahora lo tiene al galope. Esa misma habilidad con la que hoy se pasea con su fundación Mujeres Puntanas, creada gracias a dineros públicos y por la cual tiene una causa en la Justicia Federal por el destino que le dio a los 80 millones de pesos que recibió de Alberto durante la campaña de su marido en 2017, es la misma habilidad que usó para negrear a sus empleados de su cadena de zapaterías Cloe a los que no solo les pagaba miserias sino que además los había hecho constituirse ¡en una cooperativa!.

Con esa misma habilidad de maniobra dejó en la calle a 170 familias de otra de sus empresas, la Textil Concarán, y paga el tercio de un salario mínimo al personal doméstico que tiene de esclavos y esclavas en sus propiedades.

Es la clase de habilidad, esa de los que no tienen escrúpulos, que le permitió acercarse a Adolfo Rodríguez Saá cuando junto a su padrastro y hermano ya tenían dos causas en Mendoza por estafa, situación que recientemente le recordó la hija de Alberto en la red social twitter.

La falta de vergüenza le permite a Gisela Vartalitis poseer la habilidad de pasearse sonriente con dineros públicos por toda la provincia como si no le debiera nada a nadie, como si no fuera una explotadora serial de trabajadores y no le debiera cada vez más explicaciones a la Justicia.

Nunca fue bienvenida en la familia Rodríguez Saá. Fue tolerada, como lo fueron todas las que no son las matriarcas. Pero a todas las demás en cuanto quisieron tomar vuelo se les bajó de un hondazo y Alberto respetó ese pacto: lo hizo con Esther Goris cuando se fascinó con la idea de ser una Evita puntana y empezó regalar ambulancias en notas periodísticas y también lo hizo con Delfina Frers cuando los recursos de una carrera de ciclismo femenino no tuvieron una rendición clara. Para los Rodríguez Saá, si hay escándalo, que sea porque lo hacen ellos dos y no sus mujeres, aunque haya mujeres en el medio como el megaescándalo nacional de la Turca Sesín y el Y no C... La norma planteada era que si un desliz pasa a la prensa se acabó el amor. Era así hasta que Adolfo encontró en Vartalitis a su alma gemela: dime con quién andas y te diré quién eres.

Vartalitis, que tiene habilidad para atravesar cualquier agua y mientras más turbia más se atreve debido a su gordo y creciente prontuario judicial y empresarial, supo siempre de ese escollo familiar, procesó en silencio y en segundo plano lo que sucedía con las otras queridas que iban apareciendo y eran descartadas del entorno familiar y supo que no tenía que ser ella la que tomara la posta sino convertirse en el pilar político de su marido. Ese fue su trampolín para salir del control familiar.

Durante toda la campaña de 2017 cuando su esposo perdía frente a Claudio Poggi, Vartalitis esperó paciente y luego fue la solución que Adolfo necesitaba: la dama consorte. En un dos por tres vendría la fundación, el reparto de electrodomésticos y los actos con ella como eje central.

La decisión se había cocinado un poco antes. Vartalitis abrió su fanpage a partir de la sugerencia de los asesores de Adolfo a principios de ese año electoral. Era su oportunidad y no la desaprovechó, ya sabía que esta vez ella no estaba rompiendo nada sino que había sido llamada a jugar por los propios hermanos y su equipo de campaña, que importado de otras provincias, no tienen idea cómo son las cosas en San Luis y no respetaron el clima familiar interno.

Es llamativo que en todos los meses que lleva abierta la fanpage, Vartalitis como figura pública, esposa del senador por San Luis del mismo partido que el Gobernador, jamás hizo ni siquiera una mención a Alberto Rodríguez Saá, ni un elogio al Gobierno que le dio los 80 millones de pesos para Mujeres Puntanas, ni una palabra destinada a su cuñado. Solo existen ella y Adolfo.

Los hermanos, que antes de esta moda del coaching y las fotos armadas con los libros al revés, eran de perfil bajo en cuanto a ventilar sus casas, sus vacaciones familiares, sus fiestas, etc., se encontraron promocionando el casamiento en Potrero, saliendo en revistas del corazón, con una Vartalitis que en medio de una crisis en la provincia publicaba fotos con el Adolfo en el Llao Llao en Bariloche, o comiendo con un gurú que cobra miles de dólares al día, o en una playa. Una continuidad de la obscena demostración de riqueza que es su mansión en Potrero de Los Funes.

Lejos quedaron las épocas en que los Rodríguez Saá antes de cada elección les decían a sus funcionarios y candidatos “¡nadie cambia el auto!” para que la gente no percibiera -tanto- el enriquecimiento del séquito.

Los pases de facturas por decisiones políticas entre los hermanos, desde 2011 en adelante, no pararon de sucederse y Vartalitis vio las fisuras en la cohesión. Los hijos entraron en el poder y Alberto se apoyó en su hijo para cargos cada vez más importantes y de más confianza. Adolfo lo hizo en su mujer.

El primer desplante público y en la prensa de parte de Vartalitis hacia Alberto Rodríguez Saá ocurrió a fines de julio de este año en una entrevista radial: mientras su cuñado repartía 70.000 planes nuevos, ella afirmó que “y si nosotros en vez de proponernos pedir un plan o en vez de proponernos depender de alguien, nos proponemos depender de nosotros mismos?”.

El segundo desplante no tardaría en llegar con el viral que le costó el cargo a Natalia Spinuzza y que Vartalitis usó como una daga desde su fanpage de Facebook para herirlo de muerte a su cuñado diciendo “una ministra que se droga es un muy mal ejemplo para los chicos!!!”, reafirmada por su esposo Adolfo que salió rápidamente a hacer un video plegándose al escrache público de la ministra.

Los cruces familiares a través de redes sociales que se sucedieron ya son conocidos. Alberto les dedicó una mención a su hermano Adolfo y esposa en el discurso de nombramiento de la nueva ministra Paulina Calderón cuando dijo “algunos y algunas” refiriéndose a los que habían participado del linchamiento público a la funcionaria saliente.

Vartalitis salió indemne de esa prueba de fuego. No ha perdido el lugar político que le dio Adolfo, al contrario, consiguió su apoyo total y público. El problema es que Vartalitis no tiene todo el apoyo político que cree, ni popular. Se jacta de tener 35.000 mujeres en su Fundación aunque las que han recibido su “ayuda” son solo 7.000, lo que en votos es muy poco y más cuando ya eran votos cautivos pertenecientes a seguidoras del rodriguezsaaísmo.

Esta incursión pública cada vez más intensa de la esposa de Adolfo Rodríguez Saá va a traer un malón de notas en la prensa nacional, tan virales como el video que criticó. Otra vez los diarios recordarán que está denunciada junto a su cuñado y los funcionarios en la Justicia Federal por “abuso de autoridad, violación de deberes de funcionario público, malversación de caudales, peculado, fraude en perjuicio del estado provincial y violación de la ley nacional de financiamiento de partidos políticos".

También volverán a salir a la luz las causas en la Justicia mendocina contra ella, su padre y hermano por el expediente Nº P-97.013/05, caratulado: “Fiscal c/ Cruz Jorge y Muñoz María p/ Estafa en concurso real, con falsificación de instrumento privado en concurso real, con usurpación por abuso de confianza mediante la intervención del título” originada por la falsificación del contrato de alquiler de un local comercial sobre avenida San Martín de la ciudad de Mendoza, hecho que una vez ocurrido disparó a Vartalitis a unirse a los seguidores de Adolfo. Una gran casualidad.

El raconto de delitos de Gisela Vartalitis no termina ahí, tiene otra causa por estafa junto a su hermano, la N º 36.613/06, caratulada: “Fiscal c/ Vartalitis, Gisella y Vartalitis, Ricardo Andrés p/ Estafas”.

Ahora, y como final, cuando todo parece roto, Alberto pone a la tropa de ministros a pedir su reelección en las redes para tensar la cuerda. Están midiendo las fuerzas entre los hermanos, por decirlo de manera elegante, para ver quién resiste en las encuestas cuando la chequera la maneja Alberto.

Nadie duda que a pesar del culebrón seguirán juntos pues lo que les importa es mantener el poder, pero no sabemos -todavía- si Vartalitis en una Cersei Lannister o una aprendiz de Zulema Yoma de Menem que termine siendo echada de la residencia oficial.

Como cierre, y en lo estrictamente político, Alberto parece estar elucubrando y dando forma a una renovación que sostenga el poder construido junto a los jóvenes que ha decidido bendecir en su gestión, mientras Adolfo pasa con la ambulancia juntando los indeseables, los echados de todos lados y la vieja política acompañado por su procesada y polémica esposa.