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Existe una Ministra del Superior Tribunal llamada Martha Raquel Corvalán. Entérese aquí

Alberto Rodríguez Saá finalmente consiguió el objetivo que él y el Adolfo persiguieron durante casi 4 décadas, manejar el Superior Tribunal a control remoto, sin estorbos y sin que nadie proteste. Manejar la justicia como dijo una vez el diputado opositor Eduardo Gastón Mones Ruiz: “Como si fuera la Dirección Provincial del Agua”. El gobierno ni siquiera se ha ocupado de completar los cargos vacantes, mientras los opositores probablemente se preguntan “¿Para qué?, si siempre encontrarán alguno peor”.

Cuando en 2004 el gobierno -asfixiado por el escándalo del fallo de la doble intendencia y también luego del bochorno internacional de los jueces que firmaban en blanco la renuncia- dispuso la realización de audiencias públicas, los Rodríguez Saá se ocuparon de ventilar a los cuatro vientos los lustrosos antecedentes de los nuevos ministros. Omar Uría, Florencio Rubio y Horacio Zavala Rodríguez eran abogados de respeto público, con antecedentes sobrados dentro de la profesión como para que alguien se animara a cuestionarlos.


Pero los tres magistrados, quienes se esforzaron en dejar en claro que pretendían manejarse con un criterio independiente a los mandatos del Poder Ejecutivo y no siempre lo consiguieron, un día se jubilaron. De manera sigilosa y en medio de la penumbra con la que hoy se maneja la justicia provincial, casi sin abogados en los pasillos que reclamen por mejor calidad de jueces y recursos, un día el gobierno transformó en Ministra del Superior Tribunal a la taciturna abogada Martha Raquel Corvalán, una perfecta desconocida en el foro, sin antecedentes relumbrosos en la profesión y sin ejercicio de la magistratura. Mucho menos, publicaciones.


Los antecedentes en el ejercicio de la profesión, como así también en la judicatura y en el estudio del Derecho, son decisivos a la hora de evaluar un postulante a ocupar un cargo en el Superior Tribunal, dado que se trata de la máxima instancia a la que puede acudir un judiciable cuando agotó todas las instancias provinciales. Por encima del Superior Tribunal solo se encuentra la Suprema Corte de Justicia de la Nación.


Martha Raquel Corvalán no tiene nada de eso, pero posee el único antecedente que les importa a los Rodríguez Saá: militancia política fiel y nulas pretensiones de figuración. Firma lo que le mandan y a otra cosa. Hermana de una ex ministra del Adolfo y del Alberto, y de una funcionaria judicial involucrada en el escándalo de las renuncias en blanco, Martha Corvalán alguna vez también salió del ostracismo gris para regalarle al Diario de la República una denuncia con la que el oficialismo derrochó tinta e injurias contra los opositores en 1997.


En 1995 Roberto Pagano era uno de los diputados radicales más ásperos contra los Rodríguez Saá, quienes por esos años gracias a las denuncias del FREPASO y de la UCR eran considerados como los políticos más corruptos del país. Pagano además ejercía la abogacía y un día desde El Diario el Adolfo denunció que en el caso Plastar, el diputado Pagano –abogado de la empresa radicada en Naschel- había cobrado de manera ilegal honorarios equivalentes al triple del monto total de la demanda.

Si bien los 300 mil dólares cobrados por Pagano eran un vuelto comparados con la inmensa fortuna amasada por el Adolfo y el Alberto –quienes nunca trabajaron de otra cosa que de senador nacional y gobernador (ambos)- el diputado radical fue denunciado penalmente. En 1997 había elecciones legislativas y la mala imagen del menemismo, como así también del rodríguezsaaísmo amenazaban con tumbar la eternidad Rodríguez Saá, quienes –de haber ocurrido algo así- hubieran terminado presos.


Fue entonces que apareció de manera efímera la abogada Martha Raquel Corvalán, quien volvió a denunciar penalmente a Pagano, acusándolo de introducir firmas en un expediente donde le habían revocado el mandato. Corvalán había sido socia del denunciado y la acusación de la actual ministra del Superior Tribunal contra el diputado radical sirvió para que El Diario –por aquellos años con un poder aplastante- repartiera injurias contra todos los opositores para demostrar que quienes denunciaban a los Rodríguez Saá también eran corruptos.


La historia de Martha Corvalán se parece bastante a la de Forrest Gump, el personaje de la película de Robert Zemeckis, aquel muchacho norteamericano medio, que con solo seguir el derrotero de la suerte llega a estrecharle la mano al presidente Kennedy y a compartir pantalla en TV con John Lennon. Hace poco Corvalán, como Presidenta del Superior Tribunal, junto a Carlos Cobo y su señora esposa, integraron una comitiva de jueces argentinos que viajaron a entrevistarse con el Papa Francisco. Los gastos de la delegación de San Luis, incluidos los de la esposa de Cobo, como los de la secretaria privada de Corvalán corrieron por cuenta del Poder Judicial y fueron, claro, autorizados por ellos mismos.