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En San Luis no hay seguridad ni en la calle ni en las comisarías y penitenciaría

El incremento de robos en la provincia y el desmanejo del Ministerio de Seguridad que ya provocó dos muertos por negligencia de la policía preocupa a la opinión pública.

La Provincia enfrentará la visita de un organismo internacional que controla las cárceles, nuevamente San Luis es noticia por la violación sistemática de los Derechos Humanos.

En este escenario, el Gobierno provincial no está protegiendo ni a los ciudadanos de a pie ni a los detenidos bajo su responsabilidad al tener la custodia legal. Nadie está a salvo ni siquiera por delitos menores como alterar el orden en espacios públicos como sucedió con el hombre de 36 años que falleció en La Calera y que había sido detenido en un baile al provocar disturbios por estar ebrio.

Es preocupante que las fuerzas de seguridad de la provincia no estén actuando adecuadamente en la prevención de los delitos de robo que padecen los puntanos ni tampoco cumplan con protocolos dentro de las instituciones como comisarías y cárceles.

Ayer, Yolanda Bengolea, madre de Diego Ernesto Gil, un detenido con prisión preventiva y sin condena judicial, que murió los primeros días de septiembre por una neumonía luego que le fuera negada atención médica en el Servicio Penitenciario provincial, dijo a la prensa que su hijo le dijo que en la penitenciaría los dejaban morir.

El joven de 34 años, cuyo cuadro respiratorio se agravaba en la cárcel, llegó a tomar medidas extremas como cortarse para que le brindaran atención médica pero lejos de derivarlo al hospital, la brutalidad policial lo castigó en una celda sin ropa y sin calefacción en los fríos días de agosto lo que empeoró su estado.

Llegó desnudo al hospital, tapado con una sábana. Según declaró su madre a los medios, no fue internado en terapia intensiva sino que lo dejaron en terapia intermedia, y allí se selló la trágica suerte del joven.

La familia de Gil denunció penalmente por abandono de persona seguido de muerte y abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público a la cúpula del Servicio Penitenciario, el personal que ejecutó las órdenes y al Ministerio de Seguridad en la figura de Diego González.

La madre de Gil ha solicitado más de una vez audiencias con el Ministro de Seguridad pero hasta ahora no ha sido recibida ni ha obtenido respuesta.

La semana pasada en La Calera, murió quemado José Sebastián Jabdor, un detenido por una contravención menor en la comisaría de esa localidad, cuando se incendió su celda. Aún no se conocen los motivos del incendio pero hay al menos 8 policías pasados a disponibilidad mientras se investiga el hecho.

El ministro Diego González cuya última aparición pública fue mostrarse en un helicóptero durante el payasezco, mediático y exagerado operativo “Hereford” cuando rastreaban las vacas robadas a un ganadero amigo del poder provincial, mantiene ahora un hermetismo y total sobre estas muertes dentro de su institución y la ola de robos que azota la provincia. Se oculta cuando debería estar dando respuestas y explicar a la sociedad qué medidas está tomando para mejorar la seguridad tanto dentro de la policía como en las calles, ni siquiera recibe a la madre de un fallecido sin condena que pereció bajo su responsabilidad.

El robo callejero y domiciliario está a la orden del día. En las redes sociales se repiten las denuncias mientras el Ministerio de Seguridad no puede desbaratar las redes de delito en una provincia de apenas 400.000 habitantes.

El nombramiento de Fabricio Portela al frente de la policía de la Provincia, un ex custodio de Alberto Rodríguez Saá y el cambio de ministro en Seguridad, no ha mejorado la situación de indefención que siente la gente en San Luis.

Portela, luego de lo ocurrido en La Calera, salió esta semana a recorrer las comisarías del Norte provincial y repartió computadoras e impresoras a las delegaciones. Luego de 40 años de gobierno, en la publicitada “San Luis Digital”, los policías de los pueblos chicos agradecen al Comisario “que nos haya traído cosas que necesitábamos”, cuando se supone que como mínimo todos esos elementos ya deberían tenerlos hace rato.