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Con fondos públicos, el Gobernador contrató a Mario Lange para que le pinte murales en la casa

Así como los Papas y  Príncipes del Renacimiento contrataban a artistas para que trabajaran a cambio de unas monedas, Alberto Rodríguez Saá hace dos años contrató al pintor Mario Lange para que se instalara en Estancia Grande y desde allí condujera el Programa San Luis Pinta Bien.

Para ello el gobierno en 2016 gastó 9 millones de pesos destinados a pintar murales -con trazos casi infantiles- en espacios públicos, pero la contratación incluyó la pintura de murales en la mansión de Los Peñitos, propiedad del gobernador.


La costumbre de los hermanos es conocida, porque en el 91 Adolfo contrató de manera directa a Rovella Carranza para que construyera el Monumento al Pueblo Puntano y de paso -con los mismos materiales y por el mismo precio- le construyera la mansión de La Madriguera. El año pasado el Adolfo repitió el mecanismo haciéndose construir la mansión de Potrero de los Funes a cambio de entregarle a Rovella el desarrollo urbanístico de La Florida que antes fue de Metalcivin Infra.


El Alberto entonces no fue menos y contrató con fondos públicos a un artista de renombre para que le pintara la casa. El delirio artístico del gobernador es conocido pero el primer mandatario no se limita a la contratación de saberes específicos de los que cualquier mortal carece, sino que pretende que esas contrataciones fructifiquen luego en apologías posteriores que le abran las puertas del mundo del arte, cuyo acceso hasta ahora le permanece vedado.


A propósito de este presunto mecenazgo ejercido por el gobernador, destinado en el fondo a buscar su propio lucimiento, algunos recuerdan cuando en 1988 Rodríguez Saá trajo a San Luis al Maestro Internacional de Ajedrez, Jaime Emma, quien le fue presentado por el ajedrecista Daniel Cámpora. El entonces Senador Nacional dijo que Emma venía con la intención de desarrollar un programa provincial de ajedrez que nunca implementó y entonces la actividad del ajedrecista se limitó durante un tiempo a intentar enseñarle a jugar a Rodríguez Saá, solo que con penosos resultados.


Desalentado por el fracaso de las clases personalizadas, Emma fue transformado en un burócrata y confinado a la opaca función de asesor letrado de la Caja Social, donde descubrió el manejo corrupto de los créditos entregados por Adolfo Rodríguez Saá, denuncias que terminaron con el encarcelamiento del abogado ajedrecista, hecho que desató un escándalo nacional.