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Báez y Rovella Carranza: Los Rodríguez Saá clonaron el sistema de corrupción aplicado en Santa Cruz

El financista Ernesto Clarens, uno de los confesos cajeros al que Néstor Kirchner le habría encomendado la misión de recaudar la coima de la obra pública, declaró ante el fiscal Stornelli y aportó detalles que demuestran que los Rodríguez Saá clonaron el modelo de corrupción aplicado en otras provincias para enriquecerse con los sobreprecios de la obra pública.

Clarens le dijo a Stornelli que fue asesor financiero de la empresa constructora Gotti cuando Kirchner era gobernador de Santa Cruz porque en ese momento la empresa tenía problemas para cobrar las obras licitadas por el gobierno.


Clarens insinúa que los pagos se destrabaron luego de pagar las coimas correspondientes y los tramos siguientes de la declaración del financista permiten trazar un paralelo con los primeros años de la obra pública de Adolfo Rodríguez Saá, con un manejo discrecional en el otorgamiento de los créditos del Banco Provincia para los amigos; pero con la diferencia entre Kirchner y el Adolfo de que en Santa Cruz solo existía la constructora Gotti. Es allí donde aparece desde adentro del Banco Provincia de Santa Cruz el nombre de Lázaro Báez, quien era gerente del banco y de construcciones no sabía nada.


En contraposición, en San Luis las constructoras eran más de 25 y entonces a través del Banco Provincia Rodríguez Saá no solo financió sus propias empresas constructoras y luego no pagó los créditos, sino que además se encargó de mandar a la quiebra a todas las demás empresas, previo escrache en el Diario de la República, para luego quedarse con la mayor parte de la obra pública a través de Rovella Carranza.


En San Luis el equivalente a Lázaro Báez fue Luis Amitrano, quien presidió el Banco Provincia antes de la privatización y después pasó a integrar el directorio del nuevo Banco San Luis. Luego la estrategia se repetiría con la privatización de Seslep, cuando Amitrano –quien también presidió el Superior Tribunal de Justicia, fue abogado de Adolfo Rodríguez Saá y director de TVC Puntana en los primeros años- pasó a integrar el directorio de Edesal luego de un proceso licitatorio lleno de irregularidades.


En el 95, luego de la firma en el 93 del Pacto Fiscal, tanto Rodríguez Saá como Néstor Kirchner no tuvieron más remedio que privatizar ambos bancos. En San Luis con la privatización del Banco Provincia pasó lo mismo que en el resto de los feudos del país porque la cartera de incobrables recayó sobre el Estado Provincial, mientras que las ganancias fueron a parar a manos privadas.


Gotti Rovella (o viceversa)


Leonardo Fariña fue el primero en insinuar que a Vittorio Gotti lo mataron porque se negaba a vender la única constructora que había en Santa Cruz. La soledad del sur hizo que durante la gobernación de Néstor Kirchner, Gotti recibiera la casi totalidad de la obra pública. La historia oficial dice que Gotti murió en un accidente


Con el fin de los bancos provinciales estatales la situación en Santa Cruz se complicó y entonces Lázaro Báez, el gerente del banco, recibía órdenes directas de Kirchner acerca de a quienes debía pagarles. En 1998 en Santa Cruz el banco provincial pasó a manos del grupo Eskenazi y entonces Lázaro Báez pasó a desempeñarse como empleado de la Secretaría de Gobierno, pero a la vez desde tiempo antes Báez era una especie de interventor designado por Kirchner para controlar los números de la constructora Gotti, donde la DGI descubrió una facturación apócrifa que era manejada por Lázaro Báez.


En 2003, luego de la renuncia de Menem a disputar la segunda vuelta, Kirchner divisó el filón inagotable de la obra pública nacional y entonces mandó a comprar la empresa de Vittorio Gotti, pero el constructor de origen italiano -a pesar de las presiones familiares y gubernamentales- se negó a vender. Entonces, una semana antes de asumir Kirchner la presidencia, Lázaro Báez en sociedad como uno de los hijos de Gotti formó Austral Construcciones.

Asfixiado por la presión de Kirchner, Gotti padre entonces intentó declarar la quiebra y es allí donde Lázaro Báez a través de una empresa fantasma pasa a controlar las finanzas de la empresa que en 2013 sería comprada por la constructora puntana Rovella Carranza, la cual tiene una historia similar a la de Austral Construcciones, incluso en el monto de los sobreprecios: 20 por ciento.