• LPSL

A Macagno y Cabandié ya no les importa la complicidad civil con la dictadura


La complicidad civil con la dictadura militar ha sido y es un argumento con el que el kirchnerismo ajustició siempre  a sus enemigos. Clarín, La Nación, Morales Solá, Vicentin, el Ingenio Ledesma, el Diario La Nueva Provincia, el Grupo Macri, sindicalistas fachos, a todos el kirchnerismo les sacó la ficha y todos fueron insultados por igual, con el agregado de que en San Luis la Carta a Massera fue la muestra flagrante de esa connivencia civil con la represión ilegal, que no tenía miramientos a la hora de denunciar militantes políticos.


Firmada por una veintena de personajes relevantes de la sociedad puntana, entre los que aparece el actual gobernador, la Carta a Massera fue una típica buchoneada de los años de plomo donde cualquier persona, por el hecho de tener militancia política podía caer en manos de la represión ilegal, con la justificación del “algo habrá hecho” o “por algo será”.


La Carta a Massera fue negada sistemáticamente por el entorno del Alberto, quien al respecto nunca nada dijo. Sin embargo la carta existe y se encuentra en la actualidad en el archivo del Diario de la República, que en 1998 compró el Diario La Opinión, donde el 25 de agosto de 1978 apareció publicada. La firma del actual gobernador aparece mezclada con la  de ilustres fascistas de San Luis, como por ejemplo Ricardo Olivera Aguirre, quien en 1985 mantuvo una polémica mediática con Arturo Negri, uno de los denunciados y reconoció la existencia del documento.



Negri era vendedor de autos y le había vendido un auto a un fiscal que luego se negó a pagarlo. El fiscal en cuestión lideraba una banda parapolicial que respondía a la orientación ideológica del Obispo Laise y que aglutinaba, entre otros, al actual juez federal Raúl Fourcade, hijo de uno de los firmantes. Cuando Negri reclamó el pago del auto, el fiscal lo mandó a secuestrar y –en el baúl de un Torino- fue llevado a Córdoba, donde fue torturado en uno de los chupaderos ilegales del Tercer Cuerpo de Ejército. Nunca nadie explicó por qué en la carta firmada por el Alberto también fueron incluidos el ex ministro de Gobierno de Elías Adre, Julio Everto Suárez y “El Negro” Enrique Morel, ambos militantes peronistas (Negri era radical).


A Negri lo torturaron casi hasta la muerte y fue salvado por el jefe del GADA de San Luis, el teniente coronel Juan Carlos Moreno, de quien era amigo y  tenía llegada directa a Luciano Benjamín Menéndez. Suárez fue arrojado con vida y sedado a un río, mientras que el Negro Morel fue brutalmente torturado.


La encrucijada contradictoria en la que se encuentra actualmente La Cámpora deja al descubierto el doble rasero que manejan, donde –incluso- los valores de Memoria, Verdad y Justicia que hasta no hace mucho enarbolaban de manera inflexible cuando le enrostraban a Rodríguez Saá la indiscutible carta, hoy se han vuelto relativos a fuerza del reparto de morrales. Los padres de Juan Cabandié y de Piri Macagno desaparecieron –precisamente- en la ESMA, en manos nada menos que de Emilio Massera y el Tigre Acosta. Habrá que esperar entonces cuando se reanude el reclamo por el enjuiciamiento de los cómplices civiles de la dictadura, como se las arreglan para justificar la buchoneada del Alberto que le costó la vida al Run Run y la tortura a Morel y a Negri.