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A los Rodríguez Saá no les importa San Luis

Luego de las elecciones de 2011 donde el oficialismo provincial perdió la municipalidad de San Luis, un funcionario de Alicia Lemme sugirió que la estrategia de los Rodríguez Saá era abandonar la ciudad a su suerte y que entonces los intendentes opositores gestionaran obras ante el gobierno nacional. De hecho, no hace falta recurrir a ningún archivo exhaustivo para notar que históricamente los Rodríguez Saá se dedicaron a las construcciones fastuosas y proselitistas pero dejaron a los vecinos de las principales ciudades de la provincia expuestos a la falta de infraestructura básica.

Con barrios construidos de manera caótica y a la buena de Dios, sin pavimento ni cloacas, el Adolfo en los 90 durante la gestión de Mirta Verbecke se vio obligado a contribuir con una planta potabilizadora y con una ampliación de las piletas de oxidación, alrededor de las cuales construyó el barrio CGT. Pero hasta allí llegó la preocupación del gobierno, porque a partir de entonces la gestión adolfista en la ciudad, además de la estafa por la remodelación de la Plaza Pringles, solo se dedicó a la construcción de dos rotondas carísimas y anacrónicas, de las cuales la de Junín y Lafinur fue demolida luego por la cantidad de accidentes que causó, mientras que la de Lafinur e Illia resultó un fiasco porque la Mirta nunca consiguió que los chorros de la fuente bailaran al ritmo de Vángelis tal como habían prometido.


Carlos Ponce se vio en figuritas para mejorar la red de cloacas, avanzó con el anillo de distribución de agua y consiguió que la Nación le financiara el colector este de los desagües, que va desde la Plaza del Cerro hasta el Río Seco. Mientras tanto los Rodríguez Saá intentaban destituirlo en tres oportunidades por negarse a firmar el Pacto Provincia Municipios, un negociado armado por el Alberto y el Adolfo para cartelizar la obra pública de todos las municipalidades en manos de Rovella Carranza.


Las vías del ferrocarril eran un desagüe natural por donde escurría el agua de las lluvias, pero con la construcción del Corredor Vial, la pavimentación de cuatro carriles y la modificación en la altura del talud ocasionaron que una obra necesaria para la ciudad se volviera una pesadilla para los vecinos, porque como los Rodríguez Saá solo invierten en lo que se ve y proporciona votos inmediatos, no construyeron los desagües complementarios.


La enumeración de los antecedentes de la indolencia gubernamental para con los municipios es eterna. En los 90 la construcción del barrio Cerros Colorados dejó al descubierto la falta de criterio del gobierno a la hora de construir viviendas, porque el Adolfo levantó las casas sobre una cantera de arcilla colorada, sin pavimento ni cloacas. Con la primera lluvia los vecinos quedaron aislados porque las calles se transformaron en un pantano de barro y al poco tiempo los pozos ciegos colapsaron y las casas se hundieron.


Ante la furia de los vecinos al gobierno no le quedó otra alternativa que pavimentar, pero para resolver el problema de las cloacas del Cerros Colorados no tuvo mejor idea que construir un colector de efluentes y llevarlos hasta la planta inútil del barrio Los Eucaliptus, que desde dos años antes no funcionaba y arrojaba los efluentes sin tratar al Río Chorrillos.


En Villa Mercedes la construcción de La Pedrera –una obra resistida por los vecinos, quienes pedían un hospital- provocó reiteradas inundaciones en La Ribera, el barrio lindante. Ni hablar de las casas del Barrio Estrella del Sur, entregadas a medio construir, con el basural al lado. O las casas del Plan solidaridad, construidas sobre el basural mismo, con pozos ciegos de un metro de profundidad.


La provincia de San Luis coparticipa el 6 por ciento de los recursos totales que maneja entre 65 municipios, recursos que a los intendentes apenas les alcanzan para pagar sueldos y gastos fijos. Mientras tanto la obra pública el gobierno provincial la digita como premio y castigo a la obsecuencia de los intendentes, quienes son rehenes de los caprichos y negociados de los Rodríguez Saá.