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A 18 años de la pueblada contra la división de la ciudad

18 años pasaron de la pueblada que el 18 de septiembre de 2000 terminó con el intento de los hermanos Rodríguez Saá de dividir la Ciudad de San Luis en cuatro municipios .

Carlos Ponce había desafiado el mandato del oficialismo provincial, se había presentado como candidato a la reelección y había relegado al cuarto lugar a Hugo Marín, candidato impuesto por el gobierno provincial. No alcanzaron entonces los gases y las balas de goma para frenar la bronca de los puntanos, quienes llegaron hasta la legislatura alertados por la represión inicial y se sumaron a los empleados municipales que se habían encolumnado detrás del intendente Ponce.


Pero la historia empieza mucho antes del 18 de septiembre de 2000, mejor dicho: ese día se cancela de manera drástica uno de los intentos autoritarios más nefastos urdidos por los Rodríguez Saá luego de una derrota electoral, porque ya en 1986 los hermanos habían anulado una elección legislativa perdida pero la intervención de Alfonsín les había asegurado la continuidad a pesar de que los Rodríguez Saá habían quedado en minoría.

El 24 octubre de 1999 la Alianza UCR-Frepaso ganó las elecciones generales y depositó como presidente de los argentinos a Fernando De la Rúa. En San Luis fue reelecto Adolfo Rodríguez Saá, pero en la Intendencia Municipal de la Ciudad de San Luis, Carlos Ponce dio un batacazo y derrotó de manera contundente al candidato del gobierno provincial relegándolo a un indigno cuarto puesto. Carlos Ponce ganó, segundo fue Raúl Laborda, tercero Javier Cacace y cuarto Hugo Marín.

Pero desde antes de las elecciones de octubre, cuando ya los sondeos de opinión indicaban que Carlos Ponce tenía posibilidades ciertas de conseguir la reelección, los Rodríguez Saá echaron a rodar un rumor que pasadas las elecciones y con la derrota confirmada se transformó en un proyecto de ley. El rumor decía que si Carlos Ponce ganaba, terminaría siendo el intendente de la Plaza Pringles, porque entonces los hermanos Rodríguez Saá utilizarían su abrumadora supremacía en la legislatura para dividir la Ciudad de San Luis en cuatro municipios.


En el mes de abril del año 2000 el proyecto comenzó a circular de manera solapada y entonces los Rodríguez Saá acuñaron uno de sus típicos eufemismos y pretendieron que se hablara en los medios de comunicación de la “creación de cuatro municipios”. Los empleados municipales, al ver que corría peligro su futuro laboral debido a que la mayoría estaban marcados como “Poncistas”, de inmediato avisaron que no tolerarían que los Rodríguez Saá desconocieran el resultado electoral y que ante el mínimo atisbo de votación del trasnochado proyecto, saldrían a la calle.


Pasaron cinco meses en que los Rodríguez Saá intentaron de todo para convencer a los vecinos de San Luis para que aceptaran la división de la Ciudad, pero todos los intentos fueron vanos. El 13 de septiembre la Cámara de Senadores votó favorablemente y los empleados municipales junto a militantes y vecinos realizaron una asamblea en el Puente Derivador, deliberación que se extendió hasta las 14 30, momento en el que una votación decidió que era mejor ir a cortar la Ruta Nacional 7 a la altura del Desvío a Pescadores.


Dos días duró el corte porque Adolfo Rodríguez Saá exigió al Gobierno Nacional que le ordenara al Destacamento que la Gendarmería tenía en calle 25 de mayo casi San Martín que desalojara a los manifestantes de la ruta pero, como esa orden nunca fue emitida por el Ministerio del Interior, poco tiempo después el gobernador le ordenó al entonces ministro de Gobierno, Héctor Torino, que de inmediato echara a la Gendarmería de la Provincia.

Ante la renuncia de Arce Villegas el jefe de Policía interino era Alfredo Samper Battini y entonces el médico forense tuvo que ir a parlamentar a la ruta con los manifestantes. Hubo varias reuniones pero en todas la determinación de los manifestantes fue que levantarían el corte solo cuando los Rodríguez Saá retiraran el proyecto de la Legislatura. Llegó la madrugada del 16 de septiembre y nuevamente Samper Battini al comando de un escuadrón del COAR y con una resolución del juez Sabaíni Zapata, se presentó en la ruta con evidentes intenciones de reprimir. El jefe de policía interino se reunió con una comisión integrada por el entonces concejal Sony García, Dardo Pérez, Daniel Pérsico (hoy con Rodríguez Saá), Julio Fagés, Miriam Agúndez, Francisco Rosales y Oscar Nellar, entre otros.


El acuerdo fue que levantarían el corte de manera pacífica, pero los manifestantes se movilizarían hacia la municipalidad para discutir allí los próximos pasos. A las 6 de la mañana la caravana salió desde el cruce hacia el Barrio 1 de Mayo y desde allí llegó hasta el edificio de San Martín y Belgrano. Era sábado y el cansancio se notaba, por lo tanto todos los manifestantes agrupados en la puerta de la Municipalidad acordaron descansar unas horas y reunirse de nuevo al día siguiente, o sea: el domingo 17.


La reunión del domingo se realizó con la movilización ya casi decidida porque eran muy fuertes las versiones que indicaban que en la sesión del 18 de septiembre el bloque de diputados del oficialismo le daría la media sanción que al proyecto le faltaba, sin importar las consecuencias. Lo único que faltaba discutir era desde dónde saldría la movilización que encabezaría el Intendente Carlos Ponce. La moción que al final se impuso fue que los manifestantes se reunirían en cuatro puntos de la Ciudad: Correo Central, Municipalidad de San Luis, Plaza Independencia y Plazoleta Los Halcones.


Esa madrugada la Estatua de la Libertad del Casino New York amaneció salpicada con bombitas de alquitrán y Daniel Sosa, el militante del Movimiento Evita -el mismo que luego escribiría una poesía apologética titulada “Glorioso 18 de septiembre” y que impulsó el nombre 18 de Septiembre para el tramo de la Ruta 19 que pasa frente a la legislatura, pero que algunos años después defeccionó a cambio de prebendas- recordaba hace unos años que “ese día a las nueve de la mañana en la puerta de la Municipalidad creo que no llegábamos a las 300 personas y a las 10 salimos. Cuando llegamos a la Plazoleta Los Halcones y subimos a la ruta nos sorprendió la cantidad de gente que se había sumado de manera espontánea porque entonces ya éramos más de 2000 manifestantes. La primera valla estaba en el puente sobre el Río Seco. La segunda estaba en la vereda de la Legislatura y la última estaba pegada a la puerta de entrada de la Legislatura. Recuerdo que uno de los primeros en desatar las vallas fue Caruso Petrino y luego se fueron sumando otros hasta que llegamos a la puerta de vidrio”


Las pocas fotos de la época dan cuenta de una presencia heterogénea de dirigentes políticos: Mauricio Zoppi (hoy con Rodríguez Saá), Hugo Saitúa, Charo Domeniconi, Daniel Achinelli, Martín Tozzeto, Daniel Lusich, Sony García, Alejandro Quintana, Mirta Carrillo, los miembros de la comisión directiva del gremio de los Trabajadores Viales. Militantes como Daniel Bustos, Miguel Reyes y Dorita Adaro. Silvia Niño organizaba la prensa y mantenía informados a los medios sobre las estrategias de los manifestantes. Daniel Sosa antes de irse con los Rodríguez Saá contaba que sorprendió al encontrarse entre los manifestantes al conocido piloto de automovilismo “Feco” Schmid quien marchaba junto al recientemente fallecido Juan Miguel Bustos. También había docentes provinciales y universitarios, además de autoridades de la UNSL.


Cuando los manifestantes desatan y derriban las dos primeras filas de vallas, llegan hasta la puerta de vidrio Hugo Saitúa y Carlos Ponce, quienes solicitan a la policía que estaba detrás del blindex una reunión urgente con los legisladores. La respuesta se demora y de golpe la presión de la gente revienta la puerta de vidrio y se desata la represión. Desde adentro del edificio un policía toma una manguera contra incendios pero los manifestantes se la arrebantan y el chorro de agua no llega a salir.


Los policías que estaban dentro de la legislatura, a raíz de la rotura del vidrio, se parapetan amenazantes detrás de las vallas y comienzan a rociar los ojos de los manifestantes con gas pimienta. Vuelan las primeras piedras y la policía contesta con gases y balas de goma, pero corre viento norte y entonces a los represores la nube de gas se les vuelve en contra. Algunos manifestantes con buena puntería embocan en los ventanas rotas las bombas de estruendo que van a explotar en los despachos mismos de los legisladores. Transcurren los minutos y lo que para la policía era una batalla fácilmente ganable se ha vuelto una pesadilla porque la mayoría de los policías que minutos antes amenazaban con armas largas a los manifestantes, ahora vomitan en el patio trasero de la Legislatura a causa de aspirar los gases de las granadas policiales.


Rápidamente desaparecen las ambulancias, las cuales se dedican antes que nada a evacuar policías intoxicados y aturdidos por las bombas de estruendo. Se sabrá luego que varios diputados oficialistas también usaron las ambulancias para huir fingiendo ataques de asma y dejando a los manifestantes heridos a la buena de Dios. Mauricio Zoppi recibió un escopetazo con balas de goma en la parte posterior de sus piernas, Nicolás Fazio fue herido en el abdomen por una bala perdida de 9 milímetros y Rolando Sarmiento, un militante de la Juventud Radical, recibió el disparo artero de una granada de gas en pleno rostro.


Rolando Sarmiento recibe el disparo en el rostro y cayó desvanecido al piso, y cuando Francisco Rosales con Saúl Fernández intentaron socorrerlo, por varios minutos la policía que continuaba disparando a todo lo que se moviera, les impidió acercarse al muchacho quien yacía en el piso. Como pasaban los minutos y el cuerpo de Sarmiento no se movía, y tampoco la ambulancia aparecía por ninguna parte, es que comenzó a circular la versión de que la represión de los Rodríguez Saá había matado a un manifestante.


Con la versión saliendo por todas las radios de que en la legislatura la policía había matado a un muchacho, la afluencia de vecinos se multiplicó aún más y, así como se acabaron rápidamente las ambulancias, también a la policía se le acabaron las balas de goma y los gases, y entonces los efectivos del COAR comenzaron a reprimir con las mismas piedras que les habían arrojado un rato antes los manifestantes.


A la Legislatura Provincial no le quedó un vidrio sano y fue entonces que el Gobierno decidió enrejar por completo el edificio. Luego de la pueblada quedaron algunas frases para la historia, como aquella afirmación del entonces Fiscal de Estado, Eduardo Ángel Estrada, quien afirmó desconcertado que “Sin dudas los que provocaron los disturbios fueron infiltrados traídos de otras provincias” y cuando le preguntaron el porqué de tamaña conjetura, el extraviado funcionario -a quien no le entraba la idea de que los puntanos por sí solos se hubieran rebelado de semejante manera- respondió “porque las piedras encontradas dentro del edificio no se corresponden con las existentes en los alrededores”.


El hoy fallecido Pancho Rosales recordaba en 2004 que: “Carlos Ponce me dijo muy decidido: a nosotros nos van a sacar de acá con los pies para adelante”. Rosales, entonces Secretario General del Gremio de Empleados Municipales, recordaba los sucesos y las causas que concluyeron en la pueblada “Nosotros no queríamos que se dividiera la ciudad, por eso nos reunimos con algunos diputados que nos aseguraban que no iban a votar a favor de eso. Pero apenas salimos a la calle empezaron a votar para aprobar. Raúl Laborda, por ejemplo, estaba escondido debajo de la mesa pero votando igual. Eso fue un 13 de septiembre. Decidimos ese mismo día salir a cortar la ruta; salimos de la Legislatura y me subí a un camión para hablar con los compañeros y ver la predisposición. Dijeron que sí e inmediatamente agarramos las máquinas y los camiones municipales y lo hicimos. Vivimos muchas cosas importantes, a muchos de los compañeros les pegaron, pero nosotros estábamos defendiendo nuestra fuente de trabajo, nuestra dignidad. Resistimos allí hasta el 17 que vino la policía a desalojarnos por la fuerza por decisión de Samper Battini. Fueron con todo el armamento, por eso decidimos irnos, pero les avisábamos desde los camiones que el 18 de septiembre nos íbamos a encontrar en el Palacio Legislativo porque la decisión estaba tomada.”


“Si la ciudad era dividida en 4 íbamos a perder nuestra fuente de trabajo, por eso luchamos. Y no solamente nosotros, porque si bien es cierto que todos los compañeros acataron las medidas de lucha, miles de puntanos salieron a las calles a acompañar nuestra lucha y a respaldarnos. Se volcaron a la Legislatura e impidieron la división. Es difícil de describir todo lo que vivimos porque en ese lugar estaban también nuestras familias y cuando empezó la represión sólo queríamos buscarlos y saber que estaban bien. Mañana realizaremos un homenaje a los miles de puntanos que nos acompañaron, y especialmente a los municipales que se jugaron todo. El día de mañana vamos a poder decirles a nuestros hijos y nuestros nietos que nosotros luchamos para que la ciudad de San Luis fuera una sola”.


“La figura de Carlos Ponce siempre fue muy importante en todo el proceso. Él no quería los 4 municipios. Recuerdo algo que me quedó muy marcado: me dijo muy decidido “A nosotros nos van a sacar de acá con los pies para adelante”, eso me dio mucha fuerza para seguir. Yo era el secretario general del gremio, pero estaban todos los compañeros detrás mío. Gracias a Dios, Carlos Ponce lo entendió y pudimos evitar lo que se proponían”.


“Con la policía habíamos hablado y nosotros íbamos a manifestarnos pacíficamente. Ellos nos dijeron que pasáramos, que no había problema; nos habían puesto vallas y ni bien entraron 3 o 4 los rodearon y los dejaron detenidos, nos reprimieron inmediatamente y se armó todo el lío. Los Rodríguez Saá siempre quisieron dividir la ciudad, eso lo tengo re marcado. Todo lo vivido nos permite hoy decir que hay que trabajar dignamente para sostenerse y la dignidad no se cambia a ningún precio”.